Diciembre 15, 2018

Cuenta la historia que la tapa nace durante el reinado de Alfonso X quien en una de sus bacanales descubría casi milagrosamente que al ingerir bebidas alcohólicas acompañadas de alimentos sólidos evitaba la embriaguez  indeseada, por lo que ordenó en pro del bien del pueblo; debiánse acompañar las copas con algún alimento.

La energía está siempre presente. Usamos energía para todo lo que hacemos, desde dar un salto o freír un huevo, hasta mandar astronautas al espacio. Todos los seres vivos somos dependientes de energía, pero el ser humano es la única especie que ha desarrollado tecnología para aprovechar las fuentes de energía disponibles. Las fuentes de energía se dividen en dos grupos: renovables (utilizan fuentes naturales e inagotables en su producción) y no renovables (utilizan recursos limitados para producirla). El viento es una fuente de energía renovable y aquí te vamos a contar un poco su historia.

Desde la época del dominio romano eran frecuentes los asaltos vandálicos a nuestras costas. Les siguieron los vikingos devastando casi todo el sur peninsular, pero fueron los árabes los que erigieron las primeras defensas contra estos ataques. 

Muchas son las historias y leyendas que esconde este pedacito de tierra firme anclada en el tiempo, llegando a ser una de las postales más fieles y adoradas de la geografía tarifeña. Podríamos hablar de ella, como esa perla, ese cofre en el que reposan muchos secretos por descubrir.

Existen numerosos restos arqueológicos de ciudades de la época del imperio romano, pero Baelo Claudia es la única ciudad romana en la península ibérica donde no se asentaron culturas posteriores, es decir, sus restos no están debajo de otros edificios de menor antigüedad. La ciudad Romana de Baelo Claudia fue abandonada y casi perdida hasta que recientemente se ha empezado a redescubrir su verdadera magnitud. Tal vez por eso sea el centro más visitado de la provincia de Cádiz.

A finales de los años 70 llegó el primer windsurfista a Tarifa, aparcó su furgoneta en el Camping Torre de la Peña I, montó su tabla y se puso a navegar. La identidad de esta persona es anecdótica, pero lo que va más allá de la anécdota es que su estela dejó más de 30 escuelas de windsurf y kitesurf, unos 50 establecimientos hoteleros y más de 120 restaurantes.

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