Diciembre 19, 2018

El castillo de Guzmán El Bueno

By Begoña Martínez Escudier Junio 07, 2010 9930 0

El castillo de Guzmán, Monumento Histórico Nacional desde 1931, ha sido testigo de una intensa historia que ha marcado sin lugar a dudas el destino de España. Un monumento único que aún conserva las huellas de aquellos pobladores que pasaron y vivieron momentos emocionantes entre sus murallas.

La visita a la ciudad de Tarifa y al Castillo de Guzmán El Bueno aguarda un apasionante viaje en el tiempo y en la Historia de España. Tras mil cincuenta años de la construcción de esta fortaleza, aún podemos disfrutar del paso de aquellas civilizaciones que moraron en esta orilla del Estrecho. Invitamos a todos los viajeros a sumergirse en un paseo por el tiempo y a experimentar una vivencia única en nuestra ciudad.

Antes de visitar el Castillo merece la pena ubicarse en aquel momento en el que Tarifa estaba al mando de los musulmanes. Para ello nos remontamos al año 710 d.C. cuando Tarif Abu Zara, comandante de Tarik - general bereber que lideró la invasión musulmana a la Península Ibérica- desembarcó en la Isla de las Palomas. Llevó a cabo una expedición por la costa norte del Estrecho con el fin de comprobar la magnitud de las fuerzas militares presentes. Una vez cotejada la ausencia de defensas militares, informó de ello a Tarik. Un año después de esta visita, desembarcaron en el Peñón de Gibraltar nueve mil hombres y se emprendió la conquista de la Península Ibérica. Aquella recién naciente ciudad de Tarifa, llamada Al – Yazirat Tarif por aquél entonces, no dejó de ser una pequeña ciudad de pescadores hasta el siglo X, cuando comienza a fortificarse la ciudad para evitar la invasión de los Fatimíes que había llegado al norte de África amenazando Al- Andalus.

Para evitar la invasión Famití y proteger la costa del Estrecho, el califa cordobés Abderramám III ordena la construcción de la fortaleza y le encarga la obra al visir Abdarrahaman ben Badr. En abril del año 960 d.C., concluye la imponente obra de la fortaleza. A diferencia de otros castillos que se construían para ser palacios o para admirar su belleza, el castillo de Tarifa se construyó para la guerra y defender al pueblo del peligro constante de las potencias que intentaban dominar la región. (1)

Antes de acceder a la fortaleza, en sus inmediaciones podremos observar como el castillo se levantó sobre un promontorio costero en la parte sur de la ciudad. En su origen era paralelo a la línea de costa, donde lindaba con un acantilado costero y al norte, con el ya desaparecido Arroyo de papel que surcaba La Calzada actual. ¡Imaginamos la belleza que pudo tener nuestra fortaleza rodeada de agua por todos sus flancos! Ahora bien, en relación a su edificación existen varias opiniones. Según algunos investigadores locales, se corresponde con el tipo denominado “Burch”, que hace referencia a un tipo de fortaleza compuesta por una torre del Homenaje en el centro de una defensa rodeada de muros. Sin embargo, otros investigadores indican que la fortaleza posee una planta trapezoidal, como bien comprobaremos al acceder dentro.

La puerta actual de acceso al castillo se encuentra en una larga muralla, denominada coracha y de origen almohade, por lo que originalmente no existía esta zona. A la entrada nos encontraremos con Miguel Marín Sánchez y Sebastián Trujillo, guías oficiales del castillo y sabios conocedores de la historia de la fortaleza. Se facilitará a los visitantes un folleto orientativo del castillo, donde será muy fácil observar la planta del mismo así como comprender el aspecto actual, marcado por las modificaciones que se han ido realizando durante muchos siglos por parte de los almorávides, almohades, cristianos y más recientemente en la época contemporánea.

Una vez accedido al recinto de la alcazaba, nos encontraremos en una zona construida en el siglo XIII para mejorar el sistema defensivo y evitar que el enemigo pudiese circunvalar la fortaleza y la entrada. A nuestra izquierda se sitúa la Torre de Guzmán El Bueno, conocida como Torre Albarrana (torre alejada de la fortaleza). En sus inicios pudo poseer más altura que la actual, siendo construida a escasos metros de la orilla del mar, tal y como demostraron los restos de arena encontrados junto a su base antes de la construcción del puerto. Dirigiéndonos hacia la izquierda iremos en busca de la puerta primitiva. Sin embargo, nos tropezamos con otra puerta, la “Puerta en Recodo”, construida posteriormente también por los almohades para aumentar la defensa de la original. Se trata de un acceso en zigzag  con numerosas dificultades para el enemigo, ya que obliga girar a la derecha, parte más desprotegida de los guerreros al llevar el escudo en el brazo izquierdo (1).  Siguiendo el camino llegaremos a la puerta principal de entrada al castillo: “Puerta de la placa fundacional”, que como indica su nombre posee empotrado sobre su arco la placa fundacional escrita en árabe. Se trata de una costumbre oriental donde se refleja la fecha de la construcción, el nombre del califa bajo cuyo mandato se realizó, así como el nombre de quién dirigió la obra. A pesar de haber transcurrido más de mil años, su estado de conservación de su “partida de nacimiento” es excelente.

En el flanco norte del castillo, gracias a que es una zona más resguardada de la adversa erosión tarifeña, podremos apreciar que la construcción presenta el típico a soga (a lo largo) y tizón (a lo ancho) de las construcciones califales. Para ello se empleó piedra ostionera procedente de la cantera de la Isla de Tarifa.

Pero, volvamos a retomar la Historia. Durante los años sucesivos tras erigir el castillo, Tarifa estuvo dominada por los musulmanes. Con el último imperio, el de los benimerines, la fortaleza y la plaza de Tarifa cobraron un valor insólito, por ello los castellanos plantearon conquistarlo.  Fue en 1292 cuando se reconquista por las fuerzas cristianas al mando de Sancho IV. En aquel momento el perímetro de la ciudad era muy pequeño. Se extendía por el mar y con el muro Este del castillo: la almedina con la primitiva mezquita, luego Iglesia de Santa María, la primitiva ciudad y la Aljaranda o Arrabal.

Pero los musulmanes, tras la conquista por el rey castellano, no se resistieron nunca a su pérdida y la asediaron continuamente. Será este el momento en el que suceda en la fortaleza la famosa gesta  heroica de Don Alonso Pérez de Guzmán, alcaide de la plaza de Tarifa desde 1293. Recién llegado, los musulmanes sitiaron la fortaleza. El rebelde infante Don Juan, hermano de Sancho IV, se alió con los musulmanes llevado por sus ambiciones que aspiraban a recobrar la estratégica y valiosa plaza. Sin embargo, el alcaide resistió tenazmente a los ataques con la mala suerte de ser capturado su hijo Pedro Alfonso de Guzmán, de nueve años de edad y ser presentado ante Guzmán a cambio de sacrificarle o entregar la plaza. Pero Guzmán no cedió ante la vileza del Infante y desde la torre arrojó su propio puñal con el que degollaron a aquel inocente ante los ojos de su padre. Un antiguo romance narra la sorprendente respuesta de Guzmán: “Matadle con este, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo que hijo con mi honor manchado”

Además, cuentan las historias árabes que Don Juan, enfurecido por tal respuesta, descabezó a Pedro Alfonso y lanzó su cabeza al muro para que su padre la viera (1). Después de este hecho, los benimerines abandonaron y el castillo, que pasó a llamarse Castillo de Guzmán El Bueno, permaneció en la corona de castilla.  Desde aquella hazaña, la torre donde ocurrió dicha gesta, es conocida como Torreón de Guzmán el Bueno.

Posteriormente, el castillo continuó con su estructura militar hasta 1989 cuando pasó a manos de los civiles. Fue a partir de ese año cuando comenzaron a realizarse obras de restauración para su acondicionamiento a la visita pública. Hoy día es posible visitar la fortaleza de martes a sábado de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 19:00. La visita recomendada tiene una duración de unos 35 minutos y requiere una entrada con un coste de 2 €. Resulta impresionante acceder a las torres más altas y contemplar una vista perfecta de toda la ciudad de Tarifa y todo el reino marroquí, un legado que sus constructores lograron hace más de mil años.

Bibliografía:
(1) Wenceslao Segura González. Guía de visita al castillo de Tarifa. Acento 2000 S.L
Aljaranda. Revista de estudios tarifeños. nº 72 (2009) 13- 23; nº 1 (2001); nº 18 (1995).
www.castillos.net
Agradecimientos: Sebastián Trujillo y Miguel Marín Sánchez.

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