Casco Histórico de Tarifa, Entonces y Ahora

By Diego Jesús Herrera Ortiz Abril 17, 2016 2982

Debido a sus favorables condiciones climáticas y sus abundantes recursos necesarios para la vida, Tarifa (del árabe Yazirat Tarif “Isla de Tarif”), ha sido poblada desde tiempos remotos y  lo largo de los siglos, ocupada por otros pueblos que pronto se dieron cuenta de su  gran valor estratégico debido a su especial situación geográfica. Fenicios, púnicos, romanos, árabes… pueblos diferentes, culturas diferentes fueron dejando su huella y dieron forma a la ciudad hasta nuestros días.


Nuestro paseo por el tiempo comienza en la puerta del Castillo de Tarifa*, (fortaleza del S. X y monumento histórico-artístico nacional desde 1931). Frente a su puerta,  encontramos la estatua de Sancho IV el Bravo; este rey castellano devolvió la plaza de Tarifa a los cristianos en el año 1294. Él fue el que contrató a Alonso Pérez de Guzmán para que se encargara de la defensa de la ciudad frente a los árabes meriníes. Guzmán es un personaje polémico; sacrificó a su hijo y prefirió que lo asesinaran antes que entregar Tarifa aunque años antes fue un mercenario al servicio del sultán meriní Abu Yusuf. Su imagen fue usada como propaganda política desde ese momento.

El Castillo fue uno de los primeros  núcleos de poblamiento de Tarifa y fue expandiéndose, así como la ciudad, que fue creciendo y amurallándose, estando siempre sus habitantes preparados para cualquier batalla o asedio contra el enemigo que codiciaba la plaza.
Continuamos por la calle del Mar hasta girar y subir por  unas escaleras de piedra donde encontramos una de las tres puertas que tenía la ciudad en la Edad Media, la Puerta de la Almedina. De construcción almohade, conectaba el castillo con la ciudad árabe. Si seguimos subiendo llegamos a la plaza de Santa María o plaza de la Ranita, lugar donde parece ser que estaba instalado el zoco o mercado durante la Edad Media. Además  del Ayuntamiento, observamos edificios de diferentes épocas, tales como la Iglesia de Santa María (dentro del Castillo), la construcción cristiana más antigua del Campo de Gibraltar y que fue Mezquita en la Edad Media, el Pósito de grano (S. XVIII) o el llamativo edificio donde actualmente se ubica la  biblioteca pública y el archivo municipal, del siglo XX y estilo neomudéjar. 
Siguiendo nuestro paseo llegamos al Miramar con su torre de origen almorávide** desde donde podremos disfrutar de unas preciosas vistas del Estrecho de Gibraltar, con el continente africano enfrente y el Djebel Musa, la Isla de las Palomas y su faro, el puerto comercial y el castillo de Santa Catalina (años 30).
Si seguimos la muralla hacia el este, nos encontraremos con la iglesia de Santiago (s.XIV), de estilo mudéjar y que necesita una buena  restauración. Junto a esta, un conjunto de casas bajas forman la barriada Antonio Ordoñez. Fue este famoso matador de toros el que organizó varios festivales taurinos en Tarifa en los años 60 para recaudar fondos y así, junto a la mano de obra de ciudadanos tarifeños, construirla. Este barrio de marineros, es uno de los rincones más desconocidos y pintorescos de la ciudad donde es fácil imaginar la vida de esas personas que cada mañana bajaban a la caleta (uno de los puertos primitivos de Tarifa) para montar en sus faluchos (embarcación característica de los marineros de Tarifa durante los siglos XVIII-XIX) y salir a faenar al Estrecho.
Proseguimos nuestro recorrido bajando por Amor de Dios y  doblando a la derecha por la calle Aljaranda, nombre de una de las puertas primitivas de la ciudad de la que no se sabe exactamente su ubicación. En esta calle llama la atención la Bajada del Macho y es que ahí se encuentra un trozo de la muralla primitiva de Tarifa. Desembocamos en la Plaza de los Mesones, conocida como  calle de la fuente por los tarifeños por  encontrarse en este punto la primera fuente pública que tuvo Tarifa en 1831.
Tomamos la calle Coronel Moscardó, pasando  frente a la Cárcel real, hoy sala de exposiciones y la plaza Hermanos Costaleros y antes de llegar al corazón de la ciudad, giramos a la derecha y paseamos por el barrio del Moral, enclavado en lo que fue el arrabal árabe. Con sus patios llenos de flores y donde se puede observar el lienzo de muralla cañoneado durante el asedio al que fue sometida Tarifa por el ejército francés en la Navidad de 1811. Es posible hacer un recorrido por el adarve*** de la muralla y así meternos en la piel de uno de los soldados del General Copons (cuya estatua vemos al lado) o de un soldado  ingles aliado quienes defendieron Tarifa durante el asedio.
Nos encaminamos dirección a la Calzada, por donde siglos atrás pasaba un río que ocasionó varias inundaciones y que tuvo que ser cambiado su curso. Entonces La Calzada, se convirtió en el paseo de invierno de los tarifeños y un lugar donde se hoy se siguen celebrando muchas fiestas populares. Lo primero que llama a la atención es la iglesia de San Mateo, que tardó casi dos siglos en completarse debido a una disputa entre el pueblo y el marqués de Tarifa que era el mecenas de la obra y que la dejó inconclusa. También podemos contemplar ejemplos de la arquitectura  de las viviendas tradicionales de Tarifa e incluso poniendo un poco de atención, la casa y la fachada del negocio de un alcalde de Tarifa en 1869, que además de ser farmacéutico, era miembro de la logia masónica Bercelius nº 199 de Tarifa.
Y seguimos de frente por la Calle San Francisco, doblando a la Calle del Lorito, que toma su nombre por la jaula con el ave exótica que fue colgada en su pared por un portugués que se fue a hacer las Américas  y que además de con el ave,  regresó  con mucho oro. Y de plaza en plaza, a través del estrecho callejón de la calle Esperanza,  llegamos a la plaza de San Martín y así a la calle del Mercado de Abastos donde se encontraba un convento de monjes Trinitarios. Todas estas calles en su subsuelo es un gran acuífero. Pasamos por el “Boquete de la bomba” (para sacar agua) y nos admiramos con el mosaico de nuestro genial artista local Manuel Reiné, con motivos pesqueros: la almadraba, el atún y la sacrificada vida de estos hombres de la mar desde los fenicios hasta la actualidad. Pronto llegamos al paseo de la Alameda (antes había alamos) y es muy digno de admirar las baldosas con motivos arabescos y así terminar nuestra pequeño periplo por Tarifa.
Y es que en cada esquina, en cada rincón, Tarifa guarda los ecos de esos pueblos, de una Historia forjada durante miles de años y que se muestra para todas las personas que lo quieran disfrutar.

Diego Jesús Herrera Ortiz es guía de Rutarifa, una asociación sin ánimo de lucro que nace en 2012 con el objetivo de acercar, a través de rutas senderistas y visitas culturales, el medio ambiente y el patrimonio cultural a las personas que viven y visitan nuestro entorno. Para más info:

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