El Auge Económico de la Tarifa Militar

Muchas son las historias y leyendas que esconde este pedacito de tierra firme anclada en el tiempo, llegando a ser una de las postales más fieles y adoradas de la geografía tarifeña. Podríamos hablar de ella, como esa perla, ese cofre en el que reposan muchos secretos por descubrir.

 

La Isla de Las Palomas, cuenta con sabios y longevos antecedentes fenicios, púnicos, cartagineses y romanos, sin olvidar, desde luego, la entrada de los árabes, los cuales la denominaron La Isla de Tarif, allá por el año 710.

Destacamos su faro de casi 35 metros de altura (el primero en alumbrar las aguas del Estrecho), canteras, búnkeres, polvorines, garitas, sin olvidarnos de la Punta del Marroquí (situada en el sur de la Isla, dejándose ver o no, según la marea que la envuelva), o de su mítico foso (que alberga cientos de historias piratas y marineras, ya que era el sitio ideal para fondear, sobre todo para los barcos atuneros).

Enclave importantísimo y del cual hablaremos más detenidamente en otra ocasión es El Castillo de Guzmán el Bueno, que albergó en su interior, allá por el año 1939, al mítico Regimiento de La Muerte.

LA LLEGADA DE LOS GUERRILLEROS.- En el año 1960 ya podemos hablar de la Isla totalmente habitada por el Regimiento de Infantería, llegando así en el año 1967 la Compañía de Operaciones Especiales más conocida como COE 21. Como su nombre indica (un ejército especial), daba vida a la Isla y a las calles de Tarifa. Fueron los auténticos guerrilleros y revolucionarios con sus famosas maniobras y exhibiciones abiertas al público.

Ellos cambiaron la visión del Ejército moderno imponiendo el modelo basado en el original americano, el Ejército Pentómico, pasando así de un batallón a cinco. Hablando en cifras, de 500 hombres y 100 mandos, Tarifa acabaría acogiendo en su Isla un total de 3.000 hombres y 500 mandos. Para ello se preparó su interior, con todo un arsenal de recursos para que estos hombres pudiesen llevar a la práctica sus ejercicios de entrenamiento sofisticado y novedoso, tales como la gran pista de atletismo, el helipuerto, un gran campo de fútbol, la galería de tiro y la pista especial para impartir clases de defensa personal. Numerosas exhibiciones eran recreadas en el interior de la Isla de las Palomas, con actividades de hermanamiento, muestras de defensa personal, descenso del faro, concursos de tiro, paracaidistas…Este regimiento acometía tareas de tierra, mar y aire, y trabajaban en conjunto con el Castillo de Guzmán el Bueno, donde se ubicó la Sala de Banderas así como el vestuario, botiquín, oficinas y despachos.

El Ejército Pentómico duró nada más y nada menos que dos años, ya que la convivencia en aquel espacio se hacía dura, Eran demasiados hombres y familias de mandos las que habitaban por aquel entonces el interior de la isla, la residencia de suboficiales, la residencia de oficiales, pabellones militares de Batalla del Salado (actualmente habitados por familias tarifeñas), pabellones próximos a la Cruz Roja (ya desaparecidos) así como y los tres chalés para mandos frente al puerto (hoy día sólo se conserva uno). Fue entonces cuando empezaron a construirse los pabellones militares más modernos (el grupo de viviendas Don Juan de Austria), junto con la residencia de suboficiales (en cuyos bajos está el Berebar) y la residencia de oficiales (en el bloque donde está la cafetería Ahti).

Si sumamos además la presencia de la base naval (ubicada en la zona de la estación marítima), la Casa del Comandante, el regimiento de infantería de Marina (en el Retiro), es obvio que Tarifa y su desarrollo económico de entonces debía mucho a los militares. La presencia de la policía militar por todo nuestro entramado de calles. Ellos velaban por la seguridad y eran conocidos como los PM, con una indumentaria peculiar y llamativa, compuesta especialmente de trinchas blancas, porra blanca, brazalete con las siglas PM y guantes blancos ocasionalmente. Asimismo el Castillo de Guzmán también se encontraba protegido por su corte de soldados en la puerta principal, casi estáticos, con la prenda típica de los gastadores en sus brazos. A pesar de muchos, escoltaban a nuestras imágenes en la Semana Santa tarifeña, o en el tradicional Corpus del mes de mayo. Tomaban las calles para dar a conocer de su importantísima labor (en el Día de las Fuerzas Armadas), acompañados de su habitual mascota (un pastor alemán adiestrado en las dependencias militares que abría paso a la compañía), así como sus famosas patronas el día de la Inmaculada Concepción, patrona del Regimiento de Infantería, donde los militares lucían trajes de gala. Sus esposas y novias, glamurosas, paseaban al lado de sus maridos con orgullo, acompañando a aquél que servía y daba todo por la patria. Se organizaban comidas, meriendas, cenas con bailes, exhibiciones, obras de teatro y actuaciones musicales… No podemos olvidar la presencia del afamado cantante Iván, quel hizo la mili en nuestro en el Castillo, al son de su “vuela, mujer fotonovela”.

CONCIENCIA DE LA ECONOMIA MILITAR.- La ciudad de Tarifa se enriqueció con todo esto, no sólo económicamente, sino también culturalmente, ya que lógicamente, nuestra ciudad albergaba a gente de todos los puntos de España, sirviendo esto de intercambio cultural y de matrimonios y noviazgos que, aún hoy, la mayoría se conservan pese al paso del tiempo. Fueron muchos negocios y establecimientos tarifeños los que se vieron favorecidos por este clima cultural y económico. La Isla y el Castillo se abastecían de provisiones a modo de economato, de nuestros pequeños comercios, resaltando la presencia de la Frutería Vegara. Tabaco, medicinas, comida, así como souvenirs para sus familias. Hay que destacar la labor de la oficina de Correos y Telégrafos, donde se recibían cientos de paquetes al día y cursaban, del mismo modo, cientos de transferencias y giros de los soldados a sus familias.

El ocio se vivía de manera espectacular al sonar la corneta, que daba paso a las horas libres de cientos de hombres que cruzaban el famoso caminito de la Isla, para encontrarse con sus amadas y disfrutar de un rato de conversación con sus amistades fuera de las inmediaciones militares. La Taberna de Mata, la Taberna de Paco (frente a Correos), el Antiguo Morilla, El Sótano, frente al Castillo de Guzmán, Bar Rodríguez, Taberna Camelo (especialistas en pescado adobado), Bar Las Serranitas, Concha Mayo, Bar Central… son algunos de los puntos de reunión de la época.

La economía tarifeña estaba en pleno auge, los almacenes de Galería Villanueva veían incrementadas sus ventas, teniendo en cuenta que además daban la posibilidad de pagar las compras “a plazos” o mediante “letras”; establecimientos de confecciones como Trujillo o Toledo; La Imprenta de Teresa, la Churrería de Rocío frente al Mercado de Abastos (grandes colas los domingos por la mañana a la salida de la Misa de las doce), la Fonda de Mariquita, nuestro mítico Cine Teatro Alameda, el Quiosco de Juan, la Guardería de las hermanas Donda, en la cual conocíamos a niños, que por la labor de sus padres, venían a recalar a nuestra longeva ciudad y , sobre todo, la pastelería La Tarifeña , que llevó nuestro legado repostero por toda España, algo que hoy día sigue vivo.

Hay que hacer especial hincapié en los reemplazos, los soldados que juraban bandera, en ese último día de su vida militar, que estaban acompañados por sus familias, las cuales pernoctaban en Tarifa, siendo los negocios de alojamiento, como pensiones y hostales, los que despuntaban. Paseando actualmente por la Isla, es raro no encontrar una pareja o una familia que no haya vuelto después de varios años para respirar el aire que un día les acompañó en su plena juventud. No es raro oír frases como “Aquí me enamoré de tu madre” , “Aquí naciste tú” o “Aquí cumplí yo mi servicio militar”.

Para muchos Tarifeños fue un duro golpe recibir la triste noticia del traslado del Cuerpo de Operaciones Especiales COE 21 . Fue entonces cuando La Isla volvió a ser de Artillería, con el conocido MACTAE, centro de Instrucción de Reclutas, con muchísimos menos hombres repartidos en diferentes puntos de la geografía tarifeña, hasta el año 2001, cuando es suprimido el servicio militar obligatorio. Este hecho, sumado a la salida de los militares del Castillo de Guzmán El Bueno, la desaparición de la Base Naval, así como su acuartelamiento, el cierre de las fábricas de conserva hizo que Tarifa viera reducida su actividad económica a la escasa pesca y al tan ansiado turismo que se vio ensalzado a principios del año 1980 con la práctica del windsurf en nuestra costa.

Fue así como dejamos la Economía Militar para pasar a la Economía del Turismo y del Dios Eolo. Dejamos una pregunta en el aire para la reflexión: ¿Se imaginan ustedes una Tarifa enmarcada aún en la vida militar y la magia del mestizaje que afortunadamente nos inunda? De igual forma, a todos nuestros viajeros…Bienvenidos a la ciudad Imán, porque una vez aquí seréis como Hierro.

Cuna de inspiración para visitantes, bohemios y románticos, La Isla de Tarifa, se reconoce principalmente como territorio militar hasta mediados del año 2001, etiqueta que, a pesar de los tantos proyectos que hoy en día la envuelven, será imposible de borrar, en la memoria de los tarifeños que vivieron la época dorada de este enclave, o de todo aquel que fue tocado con la varita mágica de los recuerdos, y de las historias de calle, esas del correveidile, que pasan de generación en generación. Y es que, Tarifa, marinera por excelencia, para muchos fue y seguirá siendo, ciudad de ida y vuelta.