Rehacer el presente Featured

By Abril 07, 2020 383

Durante la cuarentena me di cuenta de que no estamos hechos para vivir el presente. A diferencia de otros animales, nuestra identidad está forjada por el pasado y alimentada por el futuro. Por eso el presente es un concepto tan abstracto como impreciso, casi falso. Pero al mismo tiempo es lo único capaz de conectarnos con la realidad, la única realidad que todos conocemos y que tanto miedo nos da reconocer.

De repente sucedió lo impredecible, lo inimaginable. De repente la realidad nos dio una bofetada colectiva y nos recordó que no somos invencibles, que somos tan vulnerables como una pompa de jabón en el aire. De repente nos quedamos atrapados entre el pasado y el futuro forzados a vivir el presente. El presente de las noticias sobre la evolución del virus, el presente de la incertidumbre económica, el presente de la monotonía doméstica, el presente del entretenimiento forzado. Se intercambiaron los papeles y el futuro se convirtió en abstracto e impreciso, el pasado en irrelevante. 

Esta licencia narrativa que me otorgo de escribir en pretérito sobre algo que aún no ha terminado, es en realidad un ejercicio narrativo para fantasear que el confinamiento es un recuerdo ya acontecido. Me apetece, o apetecía, coquetear con la ficción, un recurso tan vital como común en todas las culturas pasadas, presentes y futuras. Una técnica que cuando toma la forma de cuento, novela o cualquier otro formato narrativo sirve para vernos reflejados en sus protagonistas y aprender valiosas lecciones que nos ayudan a desenvolvernos con éxito por este complicado viaje que es la vida.

Llevamos pasándonos cuentos de generación en generación desde que nuestros antepasados imitaban los sonidos y movimientos de animales y fenómenos naturales a la luz de la hoguera. Hoy la luz de la hoguera la hemos sustituido por luz de pantalla, pero la finalidad sigue siendo la misma. Interpretar el mundo que nos rodea a través de la ficción para aprender, fortalecer nuestra identidad cultural y entretenemos.

Una de las películas que mejor refleja esta idea es La Vida Es Bella de Roberto Benigni, estrenada en 1997. Cuenta la emotiva historia de un hombre que construye una elaborada fantasía para proteger a su hijo en un campo de concentración nazi. Salvando las distancias, todos los que hemos vivido la cuarentena con hijos pequeños tuvimos que ingeniárnoslas a diario para explicar a nuestros hijos la realidad a través de la ficción. En el fondo, lo que La Vida Es Bella nos enseña es la importancia de evadirnos de la realidad reconstruyendo el presente. Porque en el acto de reconstruir el presente habita la esperanza de un futuro como el de antes.