Diciembre 11, 2018

La Locura del Viento

By Miriam Oteiza Septiembre 01, 2007 15839 0

El viento en Tarifa Juan Navarro Cortecejo, tarifeño y experto en vientos de la zona, escribe sobre ellos y posee una amplia colección de artículos que abarcan varios aspectos, desde la historia, la estadística, los efectos positivos y negativos, la literatura, el arte, la filosofía, el humor, la energía eólica y la cultura del kite y windsurf.

 

Pero también tiene un apartado dedicado a los efectos psicosomáticos, en el cual arroja luz sobre la influencia del viento en la estabilidad psíquica de los individuos que han de sufrir los rigores del levante, poniente o del vendaval, característicos de este lugar. Éste será el centro del presente artículo, teniendo en cuenta que son muchos los vientos que azotan el planeta, como el Mistral en Francia, el Föhn en Los Alpes, la Tramontana en la Costa Brava, el Sharav en Israel y el Santa Ana en California, entre otros.

El interés por asociar los agentes atmosféricos con el psiquismo y, con ello, explicar desde un punto de vista “científico” sus consecuencias viene de antiguo. Ya en el siglo V a.C., Hipócrates decía que mucha gente parecía sensible a los cambios climáticos, observando, concretamente, que “vientos del norte ocasionan trastornos y enfermedad”.

Nuestro sistema emocional depende del equilibrio, entre otros, de neurotransmisores de nuestro organismo. Pero, ¿qué son los neurotransmisores? Podríamos decir que son carteros químicos que llevan mensajes entre las neuronas cerebrales y provocan que las neuronas estén permanentemente hablando. Los mensajes que son felices o positivos son llevados por los Mensajeros alegres. Otros mensajes son sombríos y depresores. Estos son llevados por los Mensajeros tristes. La entrega y recepción de dichos mensajes se hace a través de impulsos electroquímicos. Cuando la vida es tranquila y sin sobresaltos, los mensajeros pueden cumplir con su labor. Cuando por “determinadas circunstancias” existe demasiado estrés en el cerebro, los mensajeros alegres comienzan a atrasarse en sus entregas y comienzan a fallar, por lo que parte del cerebro recibe tan solo mensajes “tristes” y esto causa que todo el cerebro se angustie. Entre estas “determinadas circunstancias” se encuentran los cambios climáticos, por ejemplo, la acción del viento.

Sin embargo, sólo en los últimos años se han realizado experimentos e investigaciones en esta línea. El Trastorno afectivo estacional (SAD) designa un trastorno físico y psíquico caracterizado por las fluctuaciones en el humor, alteraciones del sueño y la alimentación, al tiempo que presenta deficiencias en el sistema de neurotransmisores. N.E. Rosenthal, médico norteamericano, observó, tras varios experimentos, que muchos de sus pacientes presentaban síntomas de depresión en el otoño, empeorando estos a lo largo del invierno y decreciendo en primavera, y que al someter a dichos pacientes a una terapia lumínica, mejoraba el estado general de ellos. La causa del SAD permanece desconocida, aunque hay un reconocimiento limitado por parte de médicos generales y psiquiatras del uso de la luz dentro de un encuadre clínico.

Otros investigadores (Albert P. Krueger, en Rusia, y F.G. Sulman, en Israel) están trabajado el tema de cómo nuestro cuerpo se ve influido por la existencia de iones positivos y negativos en la atmósfera y, por ende, su influencia en nuestro psiquismo, concluyendo que una exposición masiva a iones positivos (situación similar a la que se da cuando sopla un fuerte viento) puede provocar en determinados sujetos una sintomatología depresiva. Sus resultados son discutidos por buena parte de la comunidad científica, sin embargo han abierto una línea de investigación, la electromagnética en el psiquismo, que confiamos aclare definitivamente la hipotética influencia del viento en nuestro estado psíquico.

Más cercana a nosotros, la Dra. Conxita Rojo, en 2003, investigó los efectos de la tramontana en El Ampurdán, concluyendo que, con la aparición de dicho viento, ciertos sujetos refieren sentimientos contradictorios, parece que son más acusados en las mujeres y niños y hay un despertar de la capacidad creativa. También señala que, al tiempo que sopla la tramontana, se producen alteraciones en los neurotransmisores, concluyendo que no existen pruebas formales para afirmar una relación entre viento y locura, desmitificación ya establecida por Juan Navarro Cortecejo en 1993.

Actualmente no hay aún ninguna investigación de este tipo en Tarifa desde el Centro de Salud Mental de Algeciras. Comparándola con otra población, tampoco parece que existan datos que induzcan a pensar sobre una mayor incidencia de trastornos mentales en Tarifa.

De modo que hay muchas teorías científicos que tratan de vincular los agentes atmosféricos con nuestro psiquismo, queriendo encontrar un tratamiento idóneo para paliar los efectos nocivos de….la llegada del otoño, por ejemplo.

En relación al viento una herramienta magnífica e idónea es su predicción, ya que prepara nuestro psiquismo para el cambio: es la llamada capacidad de anticipación. Esto es, al igual que cuando viajamos a un lugar frío, metemos en la maleta, consciente y voluntariamente, jerseys y un abrigo para no congelarnos, nuestro psiquismo ante la proximidad de un cambio, positivo o negativo, inconscientemente se prepara para afrontarlo. Es decir, que nuestro psiquismo es como una “maleta psicológica”, con objetos (sentimientos y vivencias) que son placenteros y otros, en cambio, pesadas cargas que arrastramos.

Otro problema surge cuando desconocemos la duración del viaje o del levante. Esto crea desasosiego e inestabilidad, pero la experiencia y la capacidad de adaptación al cambio son aspectos necesarios para manejar óptimamente situaciones impredecibles y ello se aprende.

Un último aspecto es la atribución que hacemos al viento de alteraciones en nuestro estado de ánimo, escudándonos en el levante para explicar el paso súbito de la alegría a la tristeza, de la serenidad al alboroto… a modo de “cajón de sastre” socialmente aceptado. Por un lado, el levante ejercería un papel tranquilizador y normalizaría los cambios de humor, pero, por otro, podría enmascarar conflictos psicológicos negados por el propio individuo o su entorno, y ello sí requeriría un abordaje profesional.

Si tenemos recursos para dirigir nuestros pensamientos y acciones, ¿por qué dejarlos al vaivén del viento?, ¿cuál es el beneficio que obtenemos al dejar que el viento nos gobierne emocionalmente? El viento existe, pero también nuestro psiquismo. Vivimos con el viento, y también con nuestro psiquismo. Seamos nosotros nuestras guías.

 

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