Es uno de los máximos responsables de la transformación de Tarifa de la historia reciente. Vino a Tarifa en 1986 en busca de un cambio de vida y en el proceso no solo ayudó a crear la identidad actual de Tarifa, también marcó el camino cual pionero para los cientos de emprendedores que llegamos a Tarifa en los años posteriores. Se llama Javier Munduate y nació en 1960, en Zerain, una pequeña localidad rural en la comarca guipuzcoana del Goyerri, en el País Vasco.

Nació en 1968 y de niño creció en una pequeña comunidad de artistas en Medinaceli, Soria. De padres artistas, su madre, Jill Cowie Sanders, es escultora británica y vive en España desde 1964. John R. Sanders, su padre, es pintor afroamericano con sangre Cherokee. Él es Juan Sanders.

Es oficial, Tarifa ya tiene a su primer vidriero residente de toda su historia. Se llama Peke Toyas. Nació en Logroño en 1965 y recuerda que la primera vez que vio Tarifa se convenció de que algún día volvería, algo que es muy común entre los que no hemos nacido aquí.

Es uno de los tarifeños más influyentes de todos los tiempos. Nació en 1948, su padre fue militar y él terminó siendo un artista internacionalmente reconocido. Estudió arquitectura en la Universidad de Sevilla, formó parte de la explosión madrileña de La Movida y es uno de los artistas más representativos del posmodernismo español.

Hasta hace muy poco tiempo la mayoría de la gente atribuía a la creatividad una carga mística. Se pensaba que era una especie de regalo divino, una suerte caprichosa que tocaba al azar solamente a algunos afortunados. Desde la Antigua Grecia la creatividad se ha representado con forma de mujer, las famosas musas. El problema con esta entrañable interpretación de la creatividad es que la superstición es la antítesis del pensamiento crítico, es la antesala del oscurantismo y uno de los recursos preferidos del poder para inculcarnos miedo y paralizarnos.

Los Delincuentes cantaron al ‘Pirata del Estrecho’, aquel que va por los rincones de Tarifa y el viento “le vuelve loco hasta el corazón”. Raimundo Amador casi pierde la cabeza con su inseparable guitarra por la niña de su vecina, la pobre hija de la reina de un burdel de Tarifa a la que abandonaron en Melilla; y Chambao se despide de la oscuridad y se convierte en luz cada vez que visita esta localidad gaditana.