Noviembre 14, 2018

Versiones de la leyenda de Guzmán El Bueno

A todo gran sitio le acompaña una gran leyenda. La más conocida de Tarifa es la de Guzmán el Bueno. Las leyendas, según el diccionario de la RAE, son una "relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos." Wikipedia es un poco más extensa, define leyenda como una "narración con una proporción de elementos imaginativos y que generalmente quiere hacerse pasar por verdadera. Se transmite habitualmente de generación en generación y con frecuencia experimenta modificaciones."

Las leyendas son mensajes camuflados con historia y suelen estar creados por partes interesadas. No es casualidad que ciertas leyendas se intenten tratar como reales de una forma oportunista, ni que datos reales se quieran tratar como ficticios. Siempre ha existido gente dispuesta a manipular la información por diversos motivos.

Lo cierto es que la victoria de Guzmán en 1294 sobre las tropas del hermano de Sancho IV (Don Juan) y el sultán benimerí Ibn Ya’qub, se convirtió en un marketing medieval. Estratégicamente hablando, Tarifa ha tenido siempre un importancia notable, por lo que necesitaba una leyenda que lo acentuase. En el siglo XIII, la Corona de Castilla, la más pujante de las hispánicas, amplió sus dominios hacia el sur peninsular y sabía que dominar Tarifa era un jaque a los ejércitos enemigos del norte de África. El mensaje era claro: a Tarifa había que defenderla por encima de todo, incluso por encima de la vida del hijo propio.

Partiendo de esta sencilla idea, obviamente pensada en caliente, distintas personas a lo largo de la historia hicieron sus versiones. Les presentamos algunas de ellas y una de cosecha propia. ¿Sabrías adivinar cuál es?

Extracto de aytotarifa.com, Ayuntamiento de Tarifa
“Alonso Pérez de Guzmán, más conocido por Guzmán el Bueno, defendía la plaza tarifeña, entonces sitiada por los benimerines de Marruecos. No encontrando los sitiadores la forma de vencerle por las armas y teniendo cautivo al hijo del defensor de Tarifa, le conminaron a rendir la plaza o, por contra, darían muerte al indefenso niño. Y aquí surgió el hecho heroico, muestra de abnegación y lealtad. Guzmán el Bueno asomado a los adarves de la muralla se negó a entregar la plaza que el rey le había encargado custodiar. Y para mostrar su determinación lanzó al campo agareno su propio puñal, mientras que según un antiguo romance exclamaba: «Matadle con éste, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo, que hijo con mi honor manchado.» “

Extracto de leon.es, Ayuntamiento de León.
“Alonso Pérez de Guzmán nació en León, hacia el año 1256. Le había confiado el rey Sancho IV la defensa de la plaza de Tarifa, contra las pretensiones del infante don Juan, que llegó a reinar en León, tres años, y que asedió la plaza; al no poder rendirla, ni con amenazas, ni ofrecimientos, exasperado de no poder someter tan sublime lealtad, acudió al recurso más bárbaro. Apoderándose del hijo de Guzmán, lo presenta al padre ante los muros de la fortaleza, con el siguiente dilema: "o la entrega de la plaza, o la muerte del hijo". Trágica fue la contienda en el corazón de Guzmán, entre el amor paternal, y la fidelidad prometida; pero, arrojando el puñal, dijo: "no engendré yo hijo que fuese contra mi tierra", destacado triunfo de la palabra dada con el sacrificio de su hijo. Por ello, el rey le dio el sobrenombre de "El Bueno", y el señorío de Sanlúcar. “

La verdadera historia de Guzmán, llamado "el Bueno", escrita por: Francisco Flecha Andrés. Contado por: Padre Laurentino, jesuita octogenario, quién encontró en los archivos del Cabildo esta versión contada por Frei Diego, capellán de la Plaza de Tarifa en tiempos del asedio (1294).
“Pues la cosa, según cuenta el Freile Dom Diego, difiere de lo que se cuenta en los cronicones oficiales (oficiales y retocados, al parecer) y que, en resumen, vienen a decir que el infante Don Juan, hermano del Rey Sancho, aliado por despecho con los moros, por hacer mal a su hermano, amenazaba a Don Alonso Pérez de Guzmán, alcaide de la plaza, con asesinar a su hijo, a quien retenía en su poder, si no se les entregaba la plaza. (...)
- ¿Y dice usted, Padre, que no fueron así las cosas?.
-Pues no, aunque a todos nos hubiera aprovechado más si así hubieran ocurrido, que estamos escasos de escenas tan leales. Como cuenta Frey Diego en Memorial redactado "por descargo de la su ánima", el muchacho Pedro Alonso, hijo primero del hidalgo don Alonso Pérez de Guzmán, mostró, ya desde mozo, una tendencia irrefrenable a enfollonar, a los lances del juego y de la espada, a desenfrenos en pajares y burdeles hasta poner en serio aprieto el nombre y el honor de su apellido.
De nada sirvieron las súplicas y oraciones de su piadosa madre, ni las adustas reprimendas de su honrado padre, que intentó alejarle, cuanto pudo, de la nefasta influencia del Infante, compañero inseparable de juergas y de lances. Por eso, vieron como una digna salida a los desmanes, la decisión del mozo y del Infante de alistarse en las huestes de un noble caballero castellano, enfrascado en mil batallas con los moros.
Serenaron el ánimo, pensando que aquello salvaría al mozo de un destino descarriado; pero, cuando Tarifa fue cercada, descubrieron con horror que, entre los moros principales que caminaban al frente de aquella jauría enfebrecida, vestidos a la kora, con seda y collares, como puras barraganas, no había duda, para auténtico bochorno, destacaban, entre todos, Pedro Alonso y el Infante cogidos por la cintura, comiéndose la boca, entre risas, como putas del arroyo.
Don Alonso no pudo soportar el escarnio y, rojo por la ira, lanzó su daga con la decidida intención de atravesarles la garganta. Pero el cielo no quiso concederle ni siquiera el alivio de lavar con sus armas la infamia infringida por aquella alimaña que parecía reirse de todo ante sus barbas.
No se supo más de los amantes. Se decía que alguien les había visto alguna vez por la kasbah de Fez. Vete a saber. Con todo ello, don Alonso de Guzmán entró en una especie de tristura permanente que no logró atenuar ni el piadoso retoque de la historia en el que parecía salir airoso y bien parado. Es más, cuando se popularizó el apodo de "Guzmán el Bueno", al oirlo, le subía una especie de sonrojo hasta las cejas.”

Extracto de es.wikisource.org
“Los Moros incitados por el turbulento D. Juan, hermano de Sancho, amenazaban de invadir otra vez la Andalucía. Guzmán se encargó de quebrantar su ímpetu, defendiendo á Tarifa ganada poco antes de ellos. Encerrose en esta plaza, y los enemigos acaudillados por el Infante apuraron para rendirla quantos medios enseñó la guerra y les dictó su animosidad. Mas viendo inútiles todos sus esfuerzos, apelaron á un arbitrio horrible, que aun leído hace estremecer. Tenia el Infante en poder suyo al hijo único de Guzmán. Llamó al padre, y presentándole el niño, le intimó que rindiese la plaza, amenazándole con la muerte de su hijo si no lo hacia. El asalto era terrible; pero Guzmán sin vacilar, la vida de un hijo, respondió, no es bastante á obligarme á que mancille mi virtud: si os falta cuchillo para executar vuestra saña, allá va el mío. Dicho esto arrojó á los bárbaros su puñal, y se baxó del muro. Ellos sacrificaron aquella víctima inocente á su venganza, y á pocos días levantaron el sitio sin mas fruto que el de haber dado al mundo un ejemplo de ferocidad execrable, y ocasión á Guzmán para desplegar su admirable patriotismo.
La fama de este hecho llenó toda España, y llegó al Rey Sancho, que derramando sobre Guzmán privilegios y mercedes sinnúmero, se confesaba impotente á galardonar aquel servicio. Entonces fue cuando le puso el sobrenombre de Bueno; que su humanidad y virtudes sociales acabaron de consagrar; y que los siglos recordando en él su carácter casi divino, pronuncian siempre con una especie de religión.”

Extracto de ggaucin.tv/historia/guzdocu2.htm
“Mientras, el infante Don Juan es expulsado de la Corte por rebelarse contra su hermano Sancho IV. Se dirigió a Portugal, en donde también es expulsado. Por ello, se encaminó a África, llevándose a su paje, el hijo mayor de Don Alonso, Pedro. En Fez se puso a las órdenes de Abu Yacub, prometiéndole Tarifa. El meriní aceptó poniéndole al mando de 5.000 zenetes ceutíes y parte de la guarnición algecireña.
En la primavera de 1294 se inició el sitio. Don Juan procuró tentar a Don Alonso de múltiples formas. Ante la negativa y desprecio de éste, intentó tomar la plaza por la fuerza. Sin embargo, tanto las defensas como los defensores resistieron todos los embates. Encolerizado y apurado el príncipe Juan por no poder cumplir la palabra que había dado al rey, acordó de probar por otra vía lo que por la fuerza no era posible. Así que maniató a Pedro Alonso y, tras presentarlo a su padre, amenazó con degollarlo ante su presencia. Mas sólo obtuvo una negativa por respuesta: E don Alonso Pérez le dijo que la villa que gela non darie; que cuanto por la muerte de su fijo, que él le daria el cuchillo con que lo matase; é alazólez de encima del adarve un cuchillo, é dijo que ante quería que le matase aquel fijo é otros cinco si los toviese, que non darle la villa del Rey su señor, de que él ficiera omenaje. Esto irritó tanto al infante, que allí mismo lo degolló, mandó cortar su cabeza y la catapultó al castillo. Viendo los africanos que era imposible conquistarla mientras estuviese Don Alonso en ella y que llegaban las escuadras castellano-aragonesa y tropas por tierra, se retiraron a Africa a principios de septiembre de 1294.”

De lo divino y lo pagano. Pedro Alfonso de Guzmán, de diez años de edad ¿Dónde está enterrado?, por Alma Buruki.
“Cuenta la leyenda apoyada por el rumor del levante que palpita en cada esquina adoquinada de esta ciudad, que el cuerpo ya sin vida de este joven, hijo de Guzmán, se convirtió en cenizas una mañana de Septiembre, mientras los allí presentes, se abrían paso ante la multitud, bendita locura, intentando escapar de aquel siniestro. Dicen los ancestros que poblaron nuestras calles Siglos atrás, que Pedro Alfonso estaba condenado a la muerte pagana de todo aquel que era embrujado o tocado por la mano de la magia negra. Este niño había crecido en el ambiente Católico y Cristiano, respirando sin duda raíces Árabes, inevitables dada la situación de la España de la época. Cuenta la leyenda negra, de diversas prácticas vampíricas en decenas de casas aun existentes en Tarifa, el culto a la sangre, los rituales con animales e incluso con humanos, no eran un secreto. Finalmente, este joven apuesto y educado en las raíces del Catolicismo, fue envenenado por las leyendas y cuentos populares, hasta creerse Vampiro, capaz de derrotar a las tropas árabes con su fuerza sobrenatural. Don Alonso Pérez de Guzmán, quiso mantener el secreto, y al no poder luchar con la doble personalidad de su hijo, decidió entregarlo ante cientos de miradas para no manchar el nombre de su saga. Imaginemos pues, un cuerpo de niño deshaciéndose poco a poco, tornándose su piel en oro cegador, mientras volaban sus cenizas azotadas por el levante hacia la parte trasera del castillo, para tocar el mar. Es por esto que se escucha a un niño llorar cada noche 21 de Septiembre en los aledaños de esta popular fortaleza. DEP.”

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Last modified on Jueves, 01 Noviembre 2018 21:30

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