Diciembre 12, 2018

Torres Almenaras, Los Ojos del Estrecho

By Begoña Martinez Escudier Diciembre 17, 2009 8085 0

Desde la época del dominio romano eran frecuentes los asaltos vandálicos a nuestras costas. Les siguieron los vikingos devastando casi todo el sur peninsular, pero fueron los árabes los que erigieron las primeras defensas contra estos ataques. 

Ya en el siglo XVI con la llegada de los cristianos, la protección y defensa del litoral seguía siendo una enorme preocupación. Los violentos ataques de los berberiscos que mataban y cautivaban gente para venderlas posteriormente en puertos norteafricanos, provocó que se elaborase un plan de construcción de torres almenaras en todo el litoral español.

El estado actual de calma de las aguas que bañan las costas del Estrecho de Gibraltar, nada tiene que ver con el que existía siglos atrás. Estas aguas fueron, en gran parte del tiempo, un escenario de desembarcos y combates navales dadas su situación geográfica fronteriza. Para poder vigilar los buques enemigos y los posibles ataques de las flotas poderosamente armadas que sembraban el pánico en los habitantes de Tarifa, nacieron las torres almenaras, con la finalidad de vigilar el mar y así poder evitar los desembarcos sorpresa. Se denominan almenaras porque este vocablo hace referencia al fuego que se encendía en su terrado para la comunicación entre ellas y las poblaciones próximas. Llegaron a ser más de veinte las torres que vigilaban nuestras costas, desde la Torre de Plata, próxima a Atlanterra, hasta la Torre de Guadiaro, en el núcleo urbano del mismo nombre.

En épocas cristianas, los ataques turco- berberiscos hicieron que Felipe II encargase a Luis Bravo de Laguna un estudio exhaustivo sobre la costa meridional andaluza y la construcción de nuevas torres almenaras dada la desprotección que sufría la costa.

Las torres se alzaron sobre todo en aquellas calas dónde el desembarco de piratas era fácil para atacar a los campesinos o a las embarcaciones. También se situaron próximas a los arroyos por los que los piratas podían acceder a tierra firme. Cualquier movimiento que los vigías consideraban sospechoso, se comunicaba rápidamente a la población mediante señales o por el envío de un guardia a caballo. La defensa corría a cargo del pueblo, no de militares.

Los ataques enemigos solían producirse durante las plácidas noches de verano. En invierno, esta actividad se reducía considerablemente debido al mal tiempo que hacía más complicada la navegación y podía poner en peligro las embarcaciones y la vida de los piratas y corsarios. Debido a ello, los vigías de las torres solo se encontraban desde la primavera hasta el otoño.

Hoy día, estas torres constituyen un elemento distintivo del patrimonio histórico tarifeño. Resulta muy interesante realizar un recorrido por los cabos que acogen a estas torres, ya que suelen ser lugares estratégicos con impresionantes vistas del Estrecho y la costa marroquí. Si partimos de la más occidental de ellas, situada en el cabo de Plata, se construyó la Torre de la Plata. Data del siglo XVIII, y de ella sólo quedan unos restos. Vigilaba la zona del cabo de Gracia, lugar de ataque habitual de berberiscos.

Próxima a ésta, encontramos la Torre del cabo de Gracia. Se trataba de una torre cilíndrica con alambor a la que se accedía por una única puerta que servía a la vez de ventana. La estancia interior era de tipo abovedada. Fue mandada a construir por Bravo de Laguna en 1577. La torre conectaba por el este con la Isla de Las Palomas (excepto en el siglo XVIII que lo hacía con la de Punta Paloma) y por el oeste con la torre del Cabo de Plata. Es la única torre almenara que se reformó para su reutilización. En el año 1989 se transformó en el conocido Faro Camarinal, instalándosele una linterna y una escalera de caracol de hormigón. Desde ella, se puede disfrutar de unas maravillosas vistas de la Duna de Bolonia y de la paradisíaca playa del Cañuelo.

Entre la ensenada de Bolonia y la de Valdevaqueros, se alzaba la Torre de Punta Paloma, de principios del siglo XVIII. Esta torre no contaba con la suficiente proyección en el mar, por lo que las ahumadas se realizaban entre el Cabo de Gracia y la isla de Las Palomas. Dada su situación, favorecía la transmisión de alarmas por el interior, pasando por Vejer de la Frontera, La Janda y conectando con todo el Campo de Gibraltar. Sin embargo, fue cubierta por el mar a comienzos del siglo XIX, por efecto del socavamiento de sus cimientos, lo que nos indica una escasa elevación sobre el nivel del mar. A pesar de que no se le consideraba imprescindible, una vez derruida se decía que la costa no quedaba bien descubierta ni las señales podían transmitirse correctamente en ese tramo, por lo que se decidió darle solución al problema, “colocando una vigía en la que residían dos torreros”.

En la ensenada de Valdevaqueros y junto a la desembocadura del río Valle, se erigía la Torre de Vaqueros. Dominaba la ruta terrestre de acceso a Tarifa desde Vejer de la Frontera y La Janda. Se sabe que en sus inmediaciones establecieron sus campamentos los castellanos y portugueses que se disponían a emprender combate en las vísperas de la Batalla del Salado. Fue alterada por el paso del tiempo en el siglo XVI. Algunos documentos citan una Torre de Valdevaqueros o de Casa de Porros, haciendo alusión a un torreón cuadrangular adosado a un pequeño edificio, en las inmediaciones de Casa de Porros. Sin embargo, esta torre nunca estuvo integrada en el sistema de vigilancia costera, se piensa que su función era controlar la desembocadura del río Valle.

Situada en lo alto de un promontorio rocoso, la próxima en vigilar los ataques enemigos era la Torre de la Peña, la más antigua del Estrecho. Su construcción, de planta rectangular y a la que se accede por una serie de escalones tallados en la roca, se realizó entre los siglos XIII y XIV, aunque los primeros datos que confirman su existencia proceden del siglo XIV. Se trata de una construcción árabe. Su privilegiada situación en medio de un largo tramo de costa rectilínea y a muy corta distancia de la orilla, permitía divisar todo el acceso terrestre desde Bolonia, Valdevaqueros y hasta Tarifa. Durante la Edad Media fue una pieza clave de la vigilancia de la costa tarifeña.

La más próxima al continente africano, a tan solo 11 kilómetros, era la Torre de la Isla de Tarifa. Felipe II ordenó construirla en 1522. Si situación estratégica era de vital importancia en la defensa tarifeña porque garantizaba la continuación de las ahumadas hacia el este o el oeste, además de ser el punto de observación más avanzado de toda la costa de Tarifa hacia el mar. De planta circular y dimensiones de 17 metros de altitud y 10 metros de diámetro, la convertían en la torre más poderosa del litoral. Actualmente se halla transformada en Faro, aunque la torre original, era la mitad del actual.

A medio camino entre Tarifa y Algeciras, sobre un montículo próximo a la desembocadura del río Guadalmesí, se situaba la Torre de Guadalmesí. Es de planta circular, con dos puertas- ventanas, una orientada al sur (hacia el mar) y otra al norte (hacia la sierra) y de unos 15 metros de altura. Se construyó en 1588, siendo rey Felipe II. Su situación obedecía a evitar el aprovisionamiento de agua por parte de piratas, ya que desde el tramo costero dónde desembocaba el río Jara en el oeste hasta los arroyos de Algeciras en el este, era el único río que llevaba agua en verano.

Otras torres pertenecientes al término municipal de Algeciras, tales como La Torre del Fraile, la de Punta Carnero o de San García, continuaban la transmisión de ahumadas para proteger todo el litoral campo gibraltareño y desempeñando la importante misión de ser los “ojos” de todos los tarifeños de la época.

 

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