Tierra de Contrastes

By María S. Olmo Junio 18, 2014 6176

Los Delincuentes cantaron al ‘Pirata del Estrecho’, aquel que va por los rincones de Tarifa y el viento “le vuelve loco hasta el corazón”. Raimundo Amador casi pierde la cabeza con su inseparable guitarra por la niña de su vecina, la pobre hija de la reina de un burdel de Tarifa a la que abandonaron en Melilla; y Chambao se despide de la oscuridad y se convierte en luz cada vez que visita esta localidad gaditana.

Algunos artistas dicen que los pequeños detalles son los que configuran la verdadera historia y ésta, aprovechando el décimo cumpleaños de la revista que tienes en tus manos, será una de esas creada a partir de las vivencias de una turista cualquiera en la ciudad más meridional y mágica de la Península Ibérica: Tarifa. Una tierra de contrastes dónde podrás encontrar la armonía tanto en un lado de la realidad como en su opuesto, porque como diría el humanista estadounidense Walt Whitman: la naturaleza es quién contiene la diversidad, la amplitud y el equilibrio.  Y la naturaleza queridos amigos somos todos, desde una brizna de hierba hasta el último hijo de Adán.  Así pues sigamos el Levante y adentrémonos hacia el mismísimo interior de la ciudad del viento.


DE LAS OLAS AL NIRVANA
No todos somos idénticos ni disfrutamos con igual intensidad de las mismas cosas, por ello los hay quienes huyen de la corriente y sin embargo otros fluyen a su compás. Y es que Tarifa puede considerarse el Elíseo de los amantes de las olas, dónde la naturaleza sin freno presenta una singular energía que hace que parezca que los amantes del surf hayan sustituido sus extremidades por la tabla y la tierra donde nacieron por el infinito mar.
El siempre tan  misterioso océano ha guiado por sus aguas a sociedades enteras desde tiempos inmemorables,  incluso los grandes guerreros del norte, los vikingos, llegaron desde sus gélidas y lejanas tierras montados en sus Drakkars hasta Tarifa, por entonces Al-Ándalus, sin perderse en la amplitud del inesperado mar.
Ahora el levante es la bandera de los tarifeños y  sus tablas hacen las de barcos, por ello no es difícil encontrarse en la azul y fiera Playa de Valdevaqueros, en pleno epicentro del Parque Natural del Estrecho, a multitud de deportistas practicando Kitesurf y Windsurf mientras se divierten en romper el horizonte que separa el cielo de las fuertes olas.
Es tiempo de relajarse. Si lo que buscas es el silencio y la quietud, te contaré un secreto: tu lugar está en Punta Paloma. Un pequeño rincón que hará sentir tu cuerpo en sintonía con la más pura vida natural, que se hace ver en forma de blancas dunas de grano fino y dorado, verdes pinos y grandes rocas que esperan escudadas la subida del mar. Andando unos cuántos metros en Paloma Alta se esconden unas calas maravillosas,  ideal para desprenderte de todo lo innecesario y liberar tu espíritu, aquí lo material no tiene valor y los problemas parece que se los traga la corriente. Ahora túmbate en la playa, escucha el susurro del mar, siente como penetran los rayos del sol en tu cuerpo e intenta tocar con las puntas de tus dedos a nuestro hermano continente porque las vistas a la costa de Marruecos desde la orilla nos hace recordar que no todo es tan lejano.
Con todo esto, ¿todavía no has alcanzado el Nirvana? No te preocupes, porque aún tenemos más.

DE LA CONVIVENCIA A LA IDIOSINCRASIA
No hace falta ser un experto en la historia de Tarifa para advertir que se trata de un punto de encuentro entre culturas, razas y también especies diferentes. La diversidad es sinónimo de integración y cada elemento parece estar situado armoniosamente junto al otro, por muy opuesto que sea.  Haciendo un recorrido por sus calles te darás cuenta que una de las señas de identidad es la influencia de las distintas civilizaciones que llegaban a la Península Ibérica desde este enclave, cuyo resultado es un conjunto de monumentos que configuran el rico patrimonio histórico de esta ciudad como La Puerta de Jerez, El Castillo de Guzmán el Bueno o La Iglesia de San Mateo, entre otros.
Un patrimonio para el uso y disfrute de todos, por eso no debe parecerte extraño encontrar animales gozando de lo que nos ofrece el entorno. ¿Acaso nos pensábamos que somos el único ser vivo capaz de alcanzar el placer de los sentidos?  Pues no. Los perros sin atadura alguna ni cadenas campan a sus anchas en cualquier rincón, deambulan por los chiringuitos mientras sus dueños se toman un descanso  o juguetean en la arena de la playa con sus colegas de hocico creando una estampa de lo más adorable. También los caballos, sin necesidad de jinete pasean sus crines por los alrededores de Tarifa con la elegancia que se les ha sido otorgada. Desde cualquier chiringuito mientras disfrutas de un mojito al atardecer, quizá aún puedas ver un caballo blanco pastando. Si lo del caballo te parece algo más normal, espérate a ver vacas tomando el sol en primera línea de playa. Ese fue el bucólico panorama que me encontré durante la  visita a la maravillosa Playa de Bolonia, un lugar privilegiado dónde también se encuentran las Ruinas Romanas de Baelo Claudia, conjunto arqueológico declarado ‘Monumento Histórico Nacional’. 

PURA VIDA
El nivel de vida en Tarifa es difícil encontrarlo en cualquier otro sitio y tiene tal atractivo que  siguiendo el ritual del Levante que no te extrañe que te arrastre hacia dentro y, como aseguran sus habitantes, vendrás para quedarte o al menos para volver. Filosofías orientales enseñan que la armonía interior aflora en la belleza exterior, y eso es precisamente lo que parece que ocurre en este municipio español. Porque Tarifa es contraste, Tarifa es pura vida.

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