Los Anemoi, el viento en la mitología Griega.

By Septiembre 28, 2010 18391

A veces gentil y cómplice, a veces hostil y enemigo; pero siempre caprichoso. El viento ha contado con un importante protagonismo en todas las culturas de civilizaciones pasadas y presentes (y sin duda también en las futuras). El ser humano, ansioso por comprender y controlar el mundo que le rodeaba, desde tiempos remotos, mucho antes de darle un sentido científico, ha interpretado el viento con cualidades divinas y apariencia humana.

La cultura europea tiene sus orígenes en el imperio de la antigua Grecia, siendo el siglo V a.c., o lo que se conoce por el Siglo de Pericles, su punto de máximo apogeo. Ellos fueron los creadores, entre otras cosas, de la ciencia y las matemáticas, de la filosofía, del teatro y de la democracia por citar solamente algunas de las importantes ideas que aportaron los griegos y que hoy seguimos aceptando como propias.

Todos los historiadores coinciden en que sin el Siglo de Pericles, Europa hoy sería muy distinta. Gracias a un conjunto de diversos acontecimientos interesantísimos en los que no puedo profundizar en este artículo por falta de espacio pero de los que el lector puede informarse en libros, internet y documentales, se dieron en el siglo V a.c. una serie de factores que favorecieron a la proliferación de conceptos y eventos realmente revolucionarios. Imagínese el lector una especie de Movida Madrileña en esteroides elevada a la potencia del 10.

La mitología griega era una religión basada en leyendas sobre dioses y héroes que trata sobre la naturaleza y la génesis del mundo. Se usaba como guiones para las representaciones teatrales. Al contrario de lo que ocurre en la actualidad, que se usa el teatro como entretenimiento, en la Antigua Grecia se usaba la tragedia como agente curativo y religioso. Una especie de aliviador espiritual y psicológico para las mentes confusas y estresadas de los ciudadanos que necesitaban entender el mundo que les rodeaba con explicaciones y ejemplos que pudieran comprender y usar de una forma práctica. Estas representaciones escénicas eran auténticos culebrones donde imperaba lo peor y lo mejor del ser humano: amor, asesinato, secuestro, placer, incesto, parricidio, traición, etc.

Para una persona secular como la que firma este artículo, y con la distancia objetiva que tiene la mitología griega en la vida diaria actual, es interesantísimo observar en la mitología griega la contradicción entre una lírica propia de las más refinadas esferas itelectuales y la tragicomedia propia de programas televisivos del “tomate” al más puro estidlo de Jorge Javier Vázquez.

Los griegos entendían el aire (el viento es el aire en movimiento), junto con la tierra, el fuego y el agua, como uno de los cuatro elementos básicos que lo forman todo en el cosmos. Estos elementos tenían forma y cualidades humanas. En lo que se refiere al viento, los Anemoi (en griego antiguo "vientos") eran ocho dioses que se correspondían con los ocho puntos cardinales desde donde venían y que estaban relacionados con distintas estaciones y fenómenos meteorológicos.

El monumento más importante de la Antigua Grecia que se conserva en la actualidad dedicado al viento es la torre octogonal de Andrónico de Cirro en Atenas. El friso de cada uno de los ocho lados del monumento representa uno de los ochos vientos principales en actitud voladora. Estas ocho figuras se representan con alas en los hombros, van vestidas e indican las peculiaridades de los vientos en sus atuendos. Un Tritón  móvil en el centro de la cúpula a modo de veleta (ahora desaparecido) señalaba con su vara al viento que soplaba en cada momento. La torre también contenía en su interior un reloj de agua con tecnología diseñada por Arquímedes.

La obsesión de los griegos con el bien y el mal diferenciaba entre cuatro dioses del viento buenos y cuatro dioses del viento malos. Cuenta el dramaturgo de la época Aristófanes que se sacrificaban corderos negros a los vientos destructivos y blancos a los favorables. No queda claro el porqué categorizaban a un viento bueno y a otro malo, ya que todos pueden llegar a ser igual de destructivos e igual de beneficiosos.

Los Vientos Buenos son hijos de Astreo (dios de la astrología) y Eos (la diosa de la aurora). Noto es el dios del viento del Sur que trae las tormentas de finales de verano y del otoño. Euro es el dios del viento del Este que trae calor y lluvia, y su símbolo es una vasija invertida derramando agua.

Bóreas es el dios del viento del Norte. Es de los que más protagonimo tiene en la mitología griega. Tiene un carácter violento y se representa como un anciano alado con barbas y cabellos desgreñados vestido con una túnica de nubes. Vive en Tracia (zona actual de los Balcanes). Por lo visto Bóreas adoptó la forma de un semental y engendró doce potros con las yeguas de Erictonio, rey de Dardania (los dárdanos era un tribu que habitaba en la actual región del Kósovo y Servia). Se cuenta que estos corceles eran tan veloces como su padre, y que eran capaces de correr por un campo de trigo sin pisotear las espigas. En Cierta ocasión Bóreas se enamoró locamente de Orintía, una bella princesa ateniense. El padre de la joven se negó a permitir la unión por el frío que reinaba en Tracia y por el mal recuerdo que los reyes de este país habían dejado en Atenas. Pero esta negativa enfureció a Bóreas, que levantando terribles torbellinos de viento raptó a la princesa mientras esta bailaba en la rivera del rió Iliso y la trasladó a Tracia, donde reina con él desde entonces. -Según Platón esta narración evoca un suceso real, cuando una princesa ateniense fue empujada por el viento al río Imar, donde murió ahogada.-  Juntos tuvieron cuatro hijos, dos de ellos varones alados, Zetes y Calais, que heredaron de su madre una extraordinaria belleza y de su padre muy mal genio.

Céfiro es el dios del viento del Oeste, un viento suave que se le conoce como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Entre sus esposas está Iris (la diosa del arco iris) y Cloris (Flora en la mitología Romana) que recibió el reino de las flores y quien engendró a Carpo (dios de la fruta).

Los Vientos Malos son hijos de  Tifón, un dios representado en forma de un horrible monstruo alado con un centenar de serpientes repartidas por sus muslos y que lanza llamas por la boca.

Kaikias es el dios del viento del Noreste. El encargado de arrojar el granizo. Un hombre alado, viejo, con barba, vestido de túnica y descalzo. Sostiene entre sus dos manos un escudo lleno de granizo.

Apeliotes es el dios del viento del Sureste. Sopla el viento que hace madurar las frutas y el trigo. Tiene su hogar cerca del palacio de Helios, el dios-sol, hacía el Oriente, y se encarga también de guiar los rayos del sol. Es un hombre alado, joven, sin barba, completamente vestido de túnica, y calzando coturnos. Entre sus manos lleva un manto que lo envuelve parcialmente y una gran cantidad de frutas y granos.

Skiron es el dios del viento del Noroeste. Se le asocia con el viento frío y seco del inicio del invierno. Es un hombre viejo y barbudo alado, con el cabello desordenado, vestido en túnica y calzado con coturnos. Lleva entre sus brazos una vasija de bronce de la cual esparce ardientes cenizas.

Libis es el dios del viento del Suroeste. Se le representa en la popa de un barco sosteniendo entre sus manos el timón de una nave como en actitud de estar dirigiendo uno él mismo. Es muy joven, alado y sin barba, vestido con túnica y descalzo.

El Señor de los Vientos es Eolo, el responsable del control de las tempestades, el gobernador de todos los vientos, los buenos y los malos.  Comparte con otros dioses, especialmente con  Zeus (dios del cielo y los truenos), la autoridad sobre los ocho vientos. Eolo vive con sus seis hijos y sus seis hijas en la isla flotante de Eolia. Los ocho vientos viven también en Eolia bajo la supervisión de Eolo, encadenados en una mazmorra, ya que cuando se liberan pueden provocar graves desastres. Zeus  le dio a Eolo el poder de controlar los vientos, apresándolos o liberándolos a su antojo, por eso los dioses en la mitología y los hombres en la vida terrenal, le piden su ayuda cuando la necesitan. El caso más famoso está narrado en el célebre poema griego, la Odisea. Cuenta que Ulises, al retornar de la isla de Ítaca, fue bien recibido por Eolo y le ayudó dándole un viento favorable para su viaje y una bolsa que contenía todos los vientos, pero le advirtió que debía ser utilizada con cuidado. Lamentablemente la tripulación de Ulises  creyó que la bolsa contenía oro y la abrió, provocando graves tempestades. La nave de Ulises regresó  a las costas de Eolia empujada por las tempestades, pero Eolo se negó a ayudarles de nuevo. Eolo es representado empuñando un cetro como símbolo de su autoridad, y rodeado de turbulentos remolinos.