Hablemos de política

By Febrero 16, 2011 6035

¿Eres de los que piensa que la política no va contigo? ¿Crees que los asuntos políticos no afectan en tu vida privada? ¿Acaso estás desilusionado, desconfiado o harto de la política? ¿Piensas que votar no vale para nada? Entonces te va a gustar este artículo. La lucha política es la lucha por el poder, y ya sea como protagonista o como espectador, genéticamente a todos nos atrae el tema del poder. Así que hablemos de política.

¿Por qué la política?
La política no lo es todo en la sociedad, pero incide directa o indirectamente en todo. Donde hay dos, ya hay política. Desde ese mismo instante el ser humano tiene que compartir, y por lo tanto tiene que distribuir derechos, obligaciones y libertades.
Los humanos necesitamos de un marco social para desarrollarnos. La palabra "político" viene del griego "polis", que significa ciudad o sociedad. Para Aristóteles, el filósofo de la antigua Grecia, el hombre es esencialmente un animal político (homo politikon). Un animal que debe vivir en sociedad.

Un animal que sabe organizar su mundo alrededor de un bien comunitario. Para Aristóteles el hombre aislado de la sociedad no puede realizarse completamente y por lo tanto no puede ser feliz. Esa convivencia necesita de una estructura, un sistema de organización que le permita subsistir de la mejor forma posible. En esencia ese sistema define la política.
Dentro de unos meses los ciudadanos tarifeños tendremos la oportunidad de dar nuestra opinión en las urnas. Lo bonito de la democracia es que todos los ciudadanos podemos debatir libre y públicamente sobre política sin importar lo mucho o lo muy poco que sepamos sobre el tema.  Es más, la democracia anima a la participación ciudadana como una de sus bases esenciales. La política se parece al fútbol, en el sentido en que todos somos “opinólogos” y opinamos como si tuviésemos la solución. La diferencia es que las consecuencias del resultado de un partido de fútbol no tiene un efecto directo para la mayoría de los ciudadanos, mientras que los de la política sí.

 

La evolución política
Todos los sistemas de gobierno siempre han tenido la misma linea evolutiva. Unos pocos ciudadanos, descontentos con el sistema que les gobierna, se agrupan para definir una alternativa. Tarde o temprano este grupo de ciudadanos crece hasta que presionan, vencen al sistema y proclaman un nuevo orden. Pasado el tiempo, este nuevo orden que prometió ser la solución de todos los problemas encuentra entre sus ciudadanos un pequeño grupo opositor, que posiblemente crecerá y les reemplazará. 
Este ciclo lleva repitiendose como un patrón y es tan antiguo como la historia de la civilización. Cuando el pueblo está unido y tiene conciencia de su fuerza y de las posibilidades de avanzar en el terreno de la libertad y de la igualdad, el pueblo consigue sus objetivos. Hace cuatro décadas fue el turno de España, luego les tocó a los paises del Este de Europa, ahora es Túnez y Egipto, y muchos expertos coinciden en que la posibilidad de que este vendaval de presiones se extienda a otros países árabes como Marruecos es muy alta. Solo el futuro, el comportamiento de la ciudadanía y de la comunidade internacional nos dirá si ese cambio se materializará y si será violento o pacífico. Por la proximidad de Tarifa y España con Marruecos debemos prestar especial atención a estos eventos.

La democracia
Por sí misma la democracia no ayuda al desarrollo económico, pero el desarrollo económico conduce a la aparición de democracias y a un mayor nivel educativo. No hay una sociedad, una familia, un trabajo o una economía perfecta. Por lo tanto no existe tampoco ningún sistema político perfecto. En todos ellos se han cometido tremendas atrocidades e injusticias. No obstante existe la opinión mayoritaria de que la democracia es, hoy por hoy, el menos malo de todos los sistemas de gobierno que existen. Lo es por su defensa de los derechos humanos, por establecer la posibilidad de transiciones de gobierno pacíficas, por respetar las minorías, por aceptar otras ideologías políticas, por haber aportado el voto de las mujeres y la división de poderes, por no permitir la esclavitud, el trabajo infantil, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra, por permitir que temas controvertidos se puedan debatir abierta y libremente.
La libertad de expresión es un maravilloso privilegio que prácticamente damos por hecho, a pesar de que el ser humano ha disfrutado de este concepto durante relativamente poco tiempo en toda su historia. Vivir opinando es mucho mejor que vivir sin poder opinar. Lo primero aporta la esperanza de que un cambio a mejor es posible, lo último es una sentencia a la anestesia social. Opinamos sobre el favorable o pésimo estado de la política. Opinamos sobre lo mucho o lo poco que cuenta nuestra opinión. Opinamos porque podemos, por derecho y porque encontramos cierta sensación reconfortante en ello.
En democracia, independientemente de la tendencia política de cada uno, cuando la opinión mayoritaria sentencia, sentencia para todos, tanto para los que han votado a favor, en contra, en blanco o se abstenido.  Por lo tanto en democracia el gobierno es de todos y todos somos el gobierno.
En un estado democrático los políticos sirven al, y trabajan para el pueblo, que les paga para que les represente, para que administren, para que gobiernen y para que hagan bien su trabajo. Al pueblo se deben y al pueblo han de rendir cuentas de sus errores. En el lado opuesto de esta forma de gobierno están los sistemas autocráticos donde los ciudadanos trabajan para sus gobernantes y estos no deben ninguna explicación ni justificación sobre sus actuaciones a los ciudadanos. En democracia todas las ideas, hasta las que están en contra de la democracia, pueden ser debatidas libremente en un marco político. Bajo regímenes no democráticos no se puede debatir nada, lo que hay lo han decidido unos pocos y es indiscutible.
El origen de la democracia
Nada es para siempre. La democracia, a pesar de ser el sistema de gobierno más común en el mundo, algún día desaparecerá y será reemplazada por otro sistema distinto. Esta desaparición de la democracia puede parecernos ahora un concepto difícil de asumir, pero lo cierto es que la democracia ya nació y desapareció una vez en la historia. Sucedió nada menos que hace 2.500 años cuando una ciudad en Grecia floreció de una forma espectacular. De allí salieron cosas extraordinarias: filosofía, teatro y una gran ideología política. La cuidad era Atenas, la ideología la democracia. Triunfó durante tan solo ciento cincuenta años. Luego fue olvidada. Hasta que hoy en día la veneramos como la piedra angular de la civilización occidental con los ideales atenienses de libertad, igualdad y libertad de expresión como firmes elementos fundamentales de nuestra democracia.
El en siglo VI a.c. Atenas no era más que una de las muchas ciudades tribales navegantes, comerciantes y guerreras del mediterráneo. Pero esto estaba a punto de cambiar. Dictadores militares populistas, denominados como tiranos, respaldados por el ejército presionaban a la élite aristocrática tradicional. Llegó un punto en el que Atenas no podía soportarlo más. A un aristócrata llamado Clístenes se le ocurrió la brillante idea de pedir ayuda al pueblo llano, al ciudadano común, a la masa de gente que no era ni aristócrata ni militar para expulsar a los tiranos de Atenas. Y ganaron. En ese momento la esperanza inundó las calles de Atenas. El pueblo llano había saboreado el poder ayudando a la aristocracia. Pero a pesar de que el poder es relativamente fácil de dar, es casi imposible de quitar. Cuando Clístenes dio las gracias al pueblo por la ayuda y les pidió que volviesen a sus tareas, este se reveló. Destituyeron a los aristócratas y sin planearlo ni pensarlo la  primera (y prácticamente única) democracia directa estaba naciendo. Lo que empezó como una idea para la solución de una persona, se convirtió en los siguientes ciento cincuenta años en un sistema completamente nuevo de gobierno. La palabra proviene de los vocablos demos (pueblo) y krátos (poder). La nueva palabra se hizo famosa pronto, en tan solo dos generaciones estaba por todos los sitios y muy pronto la ciudad veneraría la democracia como a una diosa.
La democracia fue una maravillosa sorpresa. Los atenienses no intercambiaron un equipo de gobernantes por otro grupo de gobernantes como siempre ha pasado. De echo lo que hicieron fue intentar algo extraordinario, decidieron intentar gobernarse ellos mismos. Un experimento radical basado en gobierno popular directo. A diferencia de la democracia indirecta o representativa que conocemos, donde el pueblo nos limitamos a elegir representantes para que estos deliberen y tomen las decisiones por nosotros de forma jerárquica, los atenienses decidieron reunirse todos los días para deliberar y tomar las decisiones que regulasen todos los aspectos de su vida. Imaginemos una especie de reunión de vecinos diaria para toda una ciudad de 300.000 habitantes. Este sistema a primera vista puede parecer caótico, pero ten en cuenta que bajo este sistema se desarrolló la civilización más progresista y más liberal que hemos tenido nunca, y que algo bien debieron hacer cuando su legado ha supuesto la cuna de la civilización occidental y la medida de lo bello y de la armonía. ¿Se dirá lo mismo de nuestra civilización dentro de 2.500 años?
Los atenienses transformaron su ciudad para llevar a cabo el sistema democrático. Debajo de la Acrópolis la gente se formaba en asamblea en la colina de Pnyx, un área que cubre 2.500 m2 y que albergaba 6.000 ciudadanos. Le estaba permitida la entrada a cualquier ciudadano para que formase parte de la asamblea y debatir como deberían gobernar sus vidas. Bueno, no a cualquiera, el concepto de ciudadano era distinto entonces de lo que es hoy. Un gran número de habitantes de Atenas no eran permitidos en la asamblea pero si se beneficiaban de garantías en el plano judicial. Para tener privilegios de ciudadano el ateniense no solo tenía que haber nacido en Atenas, sus padres tenían que haber nacido también en Atenas. Ni los menores de 18 años, ni las mujeres, ni los esclavos (uno de cada tres personas viviendo en Atenas era esclavo) podían reunirse en la asamblea.
En la colina de Pnyx se reunían diariamente para aprobar leyes, para pasar decretos, para elegir el primer ministro, y todo lo votaban alzando las manos. Los votos de la asamblea se hacía ley. Era la voz del pueblo. La asamblea no estaba dirigida por políticos, sino por ciudadanos escogidos al azar durante un mes. Se les alojaba financiados por el estado en un edificio anexo. A su vera estaba el gabinete, o Bulé, donde quinientos ciudadanos escogidos también al azar  se reunían. Su trabajo era preparar el orden del día de la asamblea. Si siguiésemos hoy el sistema ateniense tendríamos un primer ministro diferente cada día y todos tendríamos turnos en el parlamento. En teoría un mismo ciudadano podría ser un magistrado que propone una ley, podría votar por esa misma ley en la asamblea y cuatro meses después podría formar parte del jurado que decidiría cómo se interpretaba esa ley o si era o no era constitucional. Cualquiera podía formar parte de cualquier ministerio del estado. El propósito de la vida de un ciudadano común en Atenas era una vida política, algo sin igual en la vida moderna. Carpinteros sentados junto a aristócratas y militares. Todos decidiendo sobre leyes que afectaban directamente sus vidas. Desde el manejo de los presupuestos del estado, ir o no ir a la guerra o los horarios de apertura de los negocios. Se tomaban tan en serio la política que llamaban idiotes a aquellos que no participaban, palabra que descendió en nuestra palabra idiota.
Paralelamente a este brote participativo en la sociedad, se desarrollaron importantísimos logros en otros aspectos de la vida como las artes, la ciencia, la filosofía y la economía. De repente las posibilidades ya no estaban tan solo al alcance de unos pocos afortunados. Cualquiera podía alcanzar lo que se propusiera. Una sensación de “querer es poder” reinaba el ambiente. La democracia directa ateniense catapultó un florecimiento social sin parangón desde entonces. Nunca más en la historia se volvió a ver tanta riqueza social durante tan corto periodo de tiempo. Sin duda debió ser una época muy interesante para haberla vivido.
Pero vicisitudes de la vida llevaron a la democracia a su fin. Costosas guerras, una plaga devastadora y varias lamentables decisiones democráticas por parte del pueblo fueron acercando poco a poco la democracia directa de la antigua Atenas a su fin. No nos olvidemos de que una de los argumentos más fuertes de los opositores a los regímenes democráticos es que la voz del pueblo se puede manipular fácilmente y por lo tanto se pueden tomar decisiones equívocas. Lo cierto es que en ninguna parte del mundo se volvió a ver la necesidad de involucrar el pueblo en la vida política hasta el siglo XVIII con la independencia de las colonias inglesas en américa del norte y la posterior creación de los Estados Unidos en 1776, así como la Revolución Francesa de 1789 y la constitución Española de 1812, cariñosamente conocida como La Pepa.

La Pepa
La Constitución de Cádiz de 1812 fue la primera Constitución promulgada en España, y consecuencia, como no podía ser de otra forma, del caótico ambiente político de su tiempo generado por la monarquía absolutista de Carlos IV y posterior invasión napoleónica. Un ambiente tan caótico que esta constitución no duró más que un par de años para volver de nuevo al estado absolutista de Fernando VII. Se puede argumentar  que el retraso social, político y económico que hemos arrastrado en España desde entonces es consecuencia de la mala gestión de las colonias desde el Siglo XVI. Curiosamente el tema colonial fue un punto muy importante en la Constitución de 1812.
Muchos de los que vieron en Francia una salvación a la mala gestión de Carlos IV, encontraron posteriormente una gran decepción en el gobierno el hermano de Napoleón, José Bonaparte, apodado Pepe Botella por su afición a la bebida. Tras la sublevación del 2 de mayo en Madrid muchas otras ciudades y pueblos del estado se enfrentaron a los franceses.
Los diputados y creadores de la Constitución tuvieron que dejar Madrid para establecerse primero en Sevilla, luego en San Fernando y finalmente en Cádiz, cuya insularidad y el apoyo de la armada inglesa garantizaban su seguridad frente a las tropas francesas y a un fuerte brote epidémico de fiebre amarilla que azotaba el resto de la península.
La Constitución fue promulgada el día de San José, de donde vendría el sobrenombre de Pepa. La constitución establecía el sufragio universal, la soberanía nacional, la monarquía constitucional, la separación de poderes, la libertad de imprenta, acordaba el reparto de tierras y la libertad de industria, entre otras cosas.

Los alcaldes de la democracia
En la segunda planta del Ayuntamiento, a mano derecha de la entrada del despacho del alcalde, hay un interesante cuadro con los nombres de todos los alcaldes desde 1699. Yo he contado 139. Los hay que cumplieron cargo durante tan solo unos días y alguno hay también que fue alcalde durante una decena y pico de años. Observando esta minuciosa lista de nombres escrita en letra solemne uno puede comprobar que el tiempo medio de duración de cada alcaldía históricamente apenas ha rozado el año y medio. Realmente poco tiempo si lo comparamos con los tiempos de mandato que hemos tenido desde que la democracia volvió a nuestro sistema de gobierno.
Detrás de esta lista está la historia de un pueblo y al contemplarla uno no puede dejar de pensar el los entresijos y vericuetos del día a día que debe haber detrás de cada nombre y cada fecha de esta lista.
La palabra alcalde proviene del árabe alqádi que significa juez. Según el diccionario es el “Presidente del ayuntamiento de un pueblo o término municipal, encargado de ejecutar sus acuerdos, dictar bandos para el buen orden, salubridad y limpieza de la población, y cuidar de todo lo relativo a la Policía urbana. Es además, en su grado jerárquico, delegado del Gobierno en el orden administrativo.”
Desde el primer alcalde de Tarifa en el siglo XIII, el conocido como Guzmán el Bueno, hasta la actualidad el significado, funciones y funcionamiento de un ayuntamiento y su alcalde ha cambiado mucho.
Uno de los avances más significativos durante la democracia de la República de 1931 y la actualidad, interrumpida por el golpe de estado y consiguiente periodo de la dictatura franquista, es la elección del equipo de gobierno por parte de los ciudadanos por medio de elecciones y votación libre. Teóricamente esta diferencia de sistema de elección es muy importante en la medida en que un representante siempre va a velar por los intereses de quien le haya nombrado. Si un representante ha sido elegido por alguien por encima de él, o ha sido elegido por el pueblo através de elecciones libres, sus actuaciones se verán reflejadas en este matiz. Pero la historia nos ha presentado situaciones específicas en ambos casos que contradicen esta teoría.
El número de concejales que hay en la actualidad es de 17, se establece en función de la población del municipio. En la actual legislatura, y como resultado de las últimas elecciones del 2007, el ayuntamiento se compone de 8 concejales pertenecientes al PSOE, 7 del PP, 1 del PA y 1 de IU.

La democracia en la actualidad. En la era moderna los sistemas democráticos están mundialmente aceptados. Existen tan solo cuatro estados que se auto-identifican como no democráticos: Ciudad del Vaticano, Arabia Saudita, Birmania y Brunéi. El resto se identifican oficialmente como democráticos. (1) Wikipedia -Democracia-