Diciembre 16, 2018

Estampas Tarifeñas de Manuel Reiné

By Chan Expósito Noviembre 21, 2009 14494 0

La nómina de artistas plásticos nacidos en Tarifa incluye nombres como los de Agustín Segura, Guillermo Pérez Villalta, Chema Cobo o Antonio Rojas. Una cosa común en todos los citados: han desarrollado el grueso de sus carreras fuera del terruño. A Manuel Reiné, hijo de un albañil del Rincón de Yesca, la vida le llevó a Suecia pero se volvió enseguida. Una de sus obras más conocidas, la estatua de Alonso Pérez de Guzmán, cumple medio siglo en 2010. Excusa perfecta para echar un rato con Reiné “el Bueno”.

“El año 1960 fue especial para Tarifa. Se celebraba el milenario del Castillo y las autoridades fomentaron todo tipo de eventos para conmemorarlo. Creo que Juan Antonio Núñez era entonces el alcalde. Y un día se me ocurrió proponerle la construcción de una estatua del personaje histórico que más fama ha dado al pueblo. No lo había y presenté un boceto de una figura de tres metros de alto. Sólo pedí que sufragaran los materiales. La mano de obra corría de mi cuenta. La piedra caliza se encontró en Arcos de la Frontera, el taller en Jerez. Se hizo la figura en dos piezas, se ensamblaron y el 10 de septiembre se inauguró. Recuerdo especialmente dos cosas de aquél día: la levantera y que las autoridades se olvidaron de invitarme. Lo mejor de todo es que no estaba terminada y, pasada la Feria, me tiré un tiempo subido a un andamio para pulir la cabeza y la coraza. ¡Chico espectáculo en la Alameda!”.

Es el relato que el propio Manuel Reiné hace de la gestación de una de sus obras emblemáticas. Estamos en su taller, en el Barrio Afuera, no muy lejos de algo tan poco artístico como una notaría. Reiné pertenece a la subespecie de los artistas ordenados. Y también a ésa otra que no se obsesiona cuando se atascan los pinceles. Tan sencillo como congelar el lienzo a la espera de que se arregle la avería. Como la vida misma, la que retrata en escenas protagonizadas por albañiles, marineros, artesanos o gente de la campiña. “Es lo que veo, lo que me rodea, no hay más. Pinto de lo que vivo o conozco”. Los que se ganan la vida poniendo etiquetas al arte lo llaman “tipismo”. En algunas ocasiones, con un punto de menosprecio.

Manuel asegura que no tiene mote. Lo hace mientras paseamos tranquilamente buscando la Alameda. Pero para apuntalar el pedigrí local echa mano de un dicho popular con retranca: “A ti no te caza ni Reiné”. Nació en marzo de 1933, hijo de Manuel y Antonia. Él, albañil, de Barranco Hondo, en la costa. Ella, apagafuegos doméstico, de la Peña. La familia la completaban Amalia, la mayor, y Diego, el benjamín. Vivieron primero en la calle Coronel Moscardó (frente a Correos), y luego en el Rincón de Yesca, un patio de vecinos al final del callejón que separa el Hotel Misiana del estanco de la Calzada. Una época que recuerda de color gris, de mucha carestía y mayor sacrificio, con represión y resignación. Y de la guitarra que su padre tocaba para capear los temporales cotidianos. Tiempo de militares y estraperlo. Pero tiempo también de las escapadas infantiles a la plaza de la Ranita, la Alameda o el Miramar, con el aro y el pincho como principal juego interactivo.

El caso es que el niño Reiné tenía una habilidad: imaginaba cosas en las paredes encaladas de su patio de vecinos. Y como no tenía para papel, con un lápiz o con yeso lograba convertir la pared en lienzo donde plasmar su imaginación. Igualito que los grafiteros. Siempre tuvo buena parroquia: el vecindario respetaba los frescos año tras año. “Fui al colegio de la Ranita. El profesor, Rafael Cazaley, me animó a seguir dibujando, incluso me ofreció clases particulares gratuitas para optar al Bachiller. Lo comencé en Cádiz, gracias al apoyo del padre Franco, un cura de la época. La situación familiar me obligó a dejarlo. Y los 19 años me fui voluntario a la mili. Infantería, en Madrid, cerca de la estación de Atocha. Al poco de llegar al cuartel me detectaron una neumonía. Me pasé los seis primeros meses en el hospital. Mi familia no se enteró”.

Y eso fue así porque el joven Reiné, sabedor de lo que había en casa, no dejó atisbo de la convalecencia en las cartas que escribía. Para salir del tedio, se volcó con el dibujo, resignado, esperando que amaine la tormenta. Y la oportunidad llegó. “Al curarme de la neumonía, regresé a Tarifa e hice algunos trabajos. Y como parece que gustaron, los militares me permitieron compaginar el servicio militar con la asistencia a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en la que conseguí plaza después de pasar el examen de acceso. El ayuntamiento me dio una beca y comencé mi licenciatura en 1954. Fueron años de muchas visitas al Museo del Prado. En la escuela coincidí con Natalia, una de las modelos de Julio Romero de Torres (la de los billetes de cien pesetas), ya viejecita. Y con  Antonio López”. El artista manchego y Reiné tienen más cosas en común. No son personas de discursos floridos. Tampoco de aspavientos y alharacas. Discreción, timidez, humildad y constancia son terrenos conocidos para ellos. “Como para buena parte de la generación que retrata esa serie de la tele que me gusta tanto: Amar en Tiempos Revueltos”, apostilla Manuel.

Reiné se licenció en Bellas Artes cuando España le daba la bienvenida a Míster Marshall. La abstracción era la corriente artística más innovadora, más cool, como se dice ahora. Pero Manuel siempre prefirió la figuración. Tenía buena mano con el retrato, lo que le permitió ganar algunas perras por distintos encargos y algún que otro premio. “Nunca supe qué pedir por esos trabajos, pero la familia dice que los retratos de los primeros tiempos, de estilo algo romántico, son lo mejor de mi obra”. Decidió volver al pueblo y al poco surgió lo de la estatua de Guzmán. La vida le fue premiando. Aprueba la oposición de profesor de dibujo. Comienza a trabajar en el primer instituto que hubo en Tarifa (en el Miramar). Se casa con Concepción en la Iglesia de San Francisco. Nace su primera hija, Mariluz. Consigue exponer obra en el extranjero. La estancia en Suecia. Dos años, de 1965 a 1967. Allí nació su segunda hija. Trabajó en una taller de cerámica. Pero la cosa no cuajó. Y vuelta al pueblo. Luego clases en Algeciras, oposición de catedrático de instituto, trabajo en Ceuta, exposiciones (pocas, no le gustan mucho), llegó la tercera hija (Puri) y culminación de su carrera académica en Tarifa. “No soy optimista con el panorama educativo actual: fracaso escolar, ausencia de respeto a los mayores y desprecio por la cultura. Una lástima”.

Con sus pasos cortos pero firmes, Reiné nos ha traído hasta la Puerta de Mar. Y hasta el año 1992. De nuevo otro mes de septiembre. Mientras España se relame del éxito de los fastos de Barcelona y Sevilla, en Tarifa se celebran los 700 años de la toma de la ciudad por el rey Sancho IV. No había estatua del monarca y Manuel plantea la idea a Antonio Ruiz, el alcalde, como parte de las conmemoraciones. “Estaba claro que su lugar era en la entrada al Castillo. Pude hacerla con bronce, con un pie de piedra ostionera. Trabajé en la Iglesia de Santa María, con ayuda de una escuela-taller. Y en la inauguración la tela se enredó en la figura. Hubo que hacerla jirones para descubrir al rey”. Esta vez no hubo andamio, ni obra inconclusa. Más al contrario, emociones agradables. Título de Hijo Predilecto, pregonero de la Feria. Y su nombre en una calle y en la Banda Municipal de Música. La madurez, como había visto de chico, es el tiempo en el que los humildes recogen la cosecha de la vida.

El autor de dos de los elementos artísticos más fotografiados de Tarifa no aparece en Wikipedia. Se ríe por lo bajini. Esa guerra no va con él. Sí le va retratar a las gentes de su entorno. Por eso en 1995 recibió el encargo de sacar adelante un homenaje a los hombres de la mar. Se lo pidió la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras. Aceptó encantado. Y el resultado a la vista está en la entrada del muelle pesquero. Repitió con el bronce, de la fundición de los hermanos Codina, en Madrid. Con pie de mampostería adornado con cadenas y norays. Misma orientación que las dos anteriores: hacia poniente. Volvió a gustar. Reiné tiene estilo propio, ni bueno, ni malo, el suyo. Reconocible. También en la pintura. Es el caso de la cuarta de las obras urbanas de Reiné. Se trata del grupo de  murales-mosaicos de estampas tarifeñas: la mar, la campiña, la romería de la Virgen de la Luz y los rincones emblemáticos del pueblo. Están en el ayuntamiento pero se podría mejorar su disfrute. “Le he propuesto al alcalde que suban la altura de la lámpara de la escalinata. No deja que se aprecie bien el conjunto”, nos dice al salir del edificio. Las cosas de palacio, que van despacio, Manuel.

En el pasado no le hicieron caso sobre algunos proyectos que se quedaron en el tintero. Hubo también promesas incumplidas. De todas guarda boceto o maqueta. Como también hace con las portadas de la revista Aljaranda, que desde el primer número (y van setentaitantos) son misión suya. La serie es un inventario de rincones de Tarifa, algunos ya desaparecidos. También flirteó con la escultura sacra, como la imagen de la Virgen de las Lágrimas que hizo para el paso del Cristo del Consuelo (y que se puede ver en la Iglesia de San Francisco). Hay curiosidades como la escenografía de obras de teatro o el diseño de los galardones del festival de folk (los Guzmanes). Reiné es también el autor de una efigie del héroe de Tarifa que, a iniciativa del colectivo Mellaria, ha imprimido Correos y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre como sello para recordar los 700 años de la muerte de Guzmán. Pero el regreso al taller da para más. Como por ejemplo el espectacular cuadro del santero de Algeciras. O el detalle de las mujeres a caballo en la entrada de la Virgen, pintado antes de que ocurriera. O el retrato infantil de su hija Mariluz. Manuel no sabe cuánto de amplia es su obra, ni tampoco qué ocurrirá con ella. No le preocupa demasiado. “Fíjate cómo será de importante el taller que, gracias a él, podemos reunirnos toda la familia en Navidades. ¡Ya tengo cinco nietos y el sexto viene en camino!”. ¿Tiene o no tiene arte?.

Chan Expósito TEXTO · Iñigo Asís RETRATO

Para contactar con el artista: 956 68 05 74

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