Cuando el Viento Recita Poesía

By Septiembre 28, 2010 8755

Después de la I Guerra Mundial un genio llamado Marcel Duchamp introdujo el movimiento en las artes plásticas con una escultura llamada “Rueda de Bicicleta”, que consistía en la rueda y horquilla delantera de una bicicleta boca arriba montada sobre un taburete de madera. El arte cinético había nacido.

Los años cincuenta fueron los años adolescentes del arte cinético. Se identificó por rechazar cualquier referente narrativo, literario o anecdótico y por estar influenciado por el movimiento abstracto. En los años setenta el arte óptico - o “op art”- lo elevó a la madurez. Fue cuándo se investiga con mayor precisión el factor cinético en la creación plástica y se diferenciaron tres caminos claramente distintos para clasificarlo:

1.- Formando en la impresión óptica del espectador la ilusión de un movimiento virtual que realmente no existe.

2.- Induciendo al espectador a desplazarse en el espacio para que así se organice en su mente la lectura de una secuencia.

3.- Realizando movimientos reales mediante motores u otras fuentes como el viento.

Tarifa está etiquetada como la capital europea del viento, pero se echa de menos más arte público que haga alusión a su sobrenombre. Aquí presentamos algunos ejemplos de cómo otros lugares hacen homenaje a tan importante elemento.

1 Rueda de Bicicleta, 1913. De Marcel Duchamp (1887 - 1968). Duchamp está considerado como el artista más importante del siglo XX.  Perteneció al movimiento Dadá. Modernizó y revolucionó el concepto de lo que es arte con sus ready-mades, objetos manufacturados encontrados que el artista selecciona y modifica. Un antídoto al arte que principalmente apela a la percepción visual y no al lenguaje conceptual o a la mente. En la cumbre de su carrera lo dejó todo por el ajedrez.

2 y 3 Juguetes de Viento de César Manrique (1919 - 1992) en la Isla de Lanzarote. Forman parte de una serie de esculturas móviles, de carácter lúdico, con las que el artista quiso poner en relación su trabajo artístico y los vientos alisios dominantes en Lanzarote. Distribuidos en espacios públicos, se localizan, sobre todo, en Lanzarote y en el contexto de la obra ambiental del artista. Manrique desde los años setenta fue un pionero del turismo sostenible en Lanzarote promoviendo la construcción de hoteles que respetaban el entorno y el equilibrio natural de una isla.

4 y 5 Caminos del Viento del artista portugués  José María Silva Pereira (1954 - 2010). Dos piezas de una extensa serie de esculturas hechas de hormigón y acero.

6 El Arbol 1966, de Alexander Calder (1898–1976). Acero y aluminio pintado. Colección permanente de la Fundación Beyeler, Riehen, Suiza. Famoso por su carácter “infantil” y “juguetón” reflejado en sus famosos móviles de todo tipo de colores y tamaños.

7 La Enorme Estrella Tornado de Lyman Whitaker, Librería Pública de O'Fallon, Illinois, USA. Su obra hace referencia a aspectos místicos y ecológicos, expresando su preocupación por el medioambiente. www.whitakerstudio.com

8 Agujero de Viento o Respiradero, “Blowhole” en su título original. Esta fotografía muestra la obra en movimiento. Es del artista australiano Duncan Stemler y está situada en el puerto de Melbourne, Australia. Esta escultura eólica que nos recuerda a un sofisticado anemómetro tiene 15 metros de altura. Cuando el viento sopla a través de ella, la armadura interactua y forma distintos diseños, colores y sombras dependiendo de la caprichosa dirección del viento. www.duncanstemler.com

9 y 10 Strandbeest del artista holandés Theo Jansen. Auténticas piezas de ingeniería definidos por el artista como animales automatizados que se mueven solamente impulsadas por el viento y que habitan en las inmensas playas holandesas. Estos animales tienen un esqueleto hecho de tubos de PVC, articulaciones hechas de bridas, e incluso ”cerebro” que les hace retroceder cuando encuentran agua o algún otro obstáculo. www.strandbeest.com