Diciembre 17, 2018

Un paseo por la costa Este del Estrecho de Gibraltar

By Begoña Martinez Escudier Diciembre 10, 2009 9913 0

Ha amanecido un día soleado, con una agradable temperatura invernal que nos invita a recorrer alguno de los mágicos lugares que la naturaleza nos ha brindado en el Estrecho de Gibraltar. Nos encaminamos a disfrutar de once kilómetros durante cuatro horas y media aproximadamente, de un paseo por la costa mediterránea del municipio de Tarifa con unas vistas inmejorables durante todo nuestro recorrido del reino de Marruecos.

Gracias al recorrido prácticamente llano de este sendero conocido como “Colada de la Costa”, podemos ir acompañados desde infantes hasta personas de tercera edad, lo que favorece el disfrute de esta actividad por parte de toda la familia.

Nuestra ruta se inicia al final del núcleo de Tarifa, en las inmediaciones del puerto marítimo, pasando el Castillo de Sancho IV o Guzmán El Bueno. No existe un aparcamiento definido, por lo que tendremos que estacionar nuestro vehículo en el núcleo de Tarifa. Antes de iniciar la marcha, nos aprovisionamos de agua fresca y algo de comida ya que no encontraremos dónde hacerlo hasta el final del trayecto. Nos dirigimos hacia la zona de La Caleta, próxima a la curva que sube hacia uno de los laterales del castillo.

Como podremos apreciar al comenzar nuestro paseo, todo nuestro trayecto discurrirá aprovechando una antigua vía pecuaria costera que atraviesa los acantilados del frente litoral de Tarifa hacia Algeciras.

El sendero discurre por pastizales costeros y zonas de matorral bajo, vestigios que hacen visible los efectos de los fuertes vientos del Estrecho. A lo largo del recorrido, podremos saludar de cerca al ganado más característico de este Parque Natural, la vaca retinta. Se trata de la raza bovina autóctona de la Península Ibérica seca y está profundamente enraizada en nuestra tierra tras miles de años de convivencia con las dehesas y sierras del mediterráneo español.

Esta senda nos obliga a centrar nuestro interés en las impresionantes vistas del continente africano, a tan solo 14 kilómetros de la costa española, y a apreciar la bella visión panorámica de las aguas del Estrecho con la imponente montaña del Jebel Musa marroquí al fondo.

Si dirigimos nuestra vista hacia la base de los acantilados, vemos una costa muy rocosa formada por cantos y guijarros, nada parecida a las imponentes playas de arena fina y dunas de la costa atlántica del Estrecho. Estas formaciones se deben a la diferente influencia de los vientos de Levante y Poniente, así como de las corrientes marinas en cada una de estas costas. Los cantos no han sufrido la suficiente erosión eólica y marina para transformarse en las pequeñas partículas que forman las arenas blancas de las playas de Tarifa.

Otro detalle que hemos observado de este peculiar entorno, son las plataformas de abrasión en las zonas intermareales, consecuencia de un ambiente tectónicamente activo a partir del Mioceno inferior, que produjo estratificaciones rítmicas por procesos de plegamiento, levantamiento y traslado de materiales que procedían de la profundidad del mar. Este tipo de roca, conocida como flysch, es la que forma los acantilados de la vertiente mediterránea del PN del Estrecho. Quedan sumergidas durante la pleamar y emergidas durante la bajamar. Como se puede apreciar, está formada por una alternancia de capas, unas más duras y menos erosionadas (areniscas) y otras blandas y erosionadas (arcillas). La productividad biológica de los ecosistemas que conforman este sustrato rocoso es tan elevada, que están estrictamente protegidas, prohibiéndose cualquier acción extractiva (pesca o marisqueo) en ellas. La grandiosidad de estos fenómenos hacen que el sendero esconda a su paso multitud de curiosidades en las rocas litorales.

A lo largo de toda la costa, advertimos unas raras oquedades en las rocas y acantilados que nos recuerdan a un nido de avispas. Es el viento, cargado de partículas y agua salada quién produce este fenómeno.

Decidimos hacer un salto en el camino, y descender a la orilla para apreciar de cerca estas plataformas. Hemos tenido la suerte de encontrar un ejemplar de la conocida “Joya del Estrecho”, un tipo de lapa autóctona de Tarifa llamada Patella ferruginea. Se trata de una lapa gigante que puede tener hasta 10 cm. de longitud y de la que solamente quedan un centenar en esta costa. Debido a su alto grado de protección, tan solo tomamos una foto y continuamos nuestro sendero.

La intriga de nuestro itinerario aumenta a medida que avanza nuestro camino y nos encontramos antiguos búnkeres y otras construcciones de vigilancia y defensa, construidas en este punto geográfico dada su peculiar situación estratégica.

Recorridos unos 8 kilómetros de sendero, llegamos a la altura de la antigua Torre vigía de Guadalmesí. Se trata de una torre de planta circular y cuerpo cilíndrico de unos 15 metros y construida en 1588, durante el reinado de Felipe II. Se ubica en la desembocadura del río Guadalmesí, que en árabe significa “río de las mujeres” y cuyo caudal persiste durante todo el año. Su construcción obedecía, más que al riesgo de desembarcos para efectuar saqueos, a evitar el aprovisionamiento de agua por parte de los buques enemigos, imposible de efectuar en pleno verano en otra parte de la costa.

En las proximidades de esta torre, nos encontramos con el observatorio ornitológico de Guadalmesí. Se considera un punto estratégico para poder observar la migración de aves entre España y el continente africano. Decidimos hacer una parada y sacar nuestros prismáticos para observar el cielo y disfrutar del paso de algunos ejemplares.

Continuaremos con el último tramo del sendero, para ponerle fin junto a un antiguo cuartel de la guardia civil situado en la costa, en el límite del Término Municipal de Tarifa con Algeciras, y al cuál llegaremos por la pista que desciende desde la carretera nacional 340, hasta el núcleo de Guadalmesí, situado en el punto kilométrico 96, a la altura de una conocida zona llamada El Pelayo.

Debido a la considerable longitud de este trayecto, es recomendable dejar estacionado un vehículo en la zona dónde finaliza el mismo, lo que favorecerá la vuelta en aquellos casos que no se disponga de suficiente tiempo o condición física para volver a pie.

Es hora de almorzar, y podemos optar por sentarnos en la terraza del restaurante de Huerta Grande, próximo al fin del sendero y disfrutar de los valores paisajísticos que nos ofrece la vegetación de Laurisilva de su entorno, o bien volver a Tarifa y tomar una tapa en los bares del centro histórico.

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