Parque Natural del Estrecho de Gibraltar

By Begoña Martinez Escudier Febrero 02, 2010 10694

El comienzo del que sería desde el año 2003 el Parque Natural del Estrecho de Giraltar, tuvo lugar hace 65 millones de años cuando Europa y África se separaron, naciendo el Estrecho de Gibraltar. Una enorme catarata hizo llenar el Mar Mediterráneo y a partir de entonces existiría un flujo de corrientes entre Mediterráneo y Atlántico, en el que una corriente superficial con agua atlántica entra, mientras que una contracorriente profunda mediterránea (más salada y densa) sale.

Esta ubicación, entre el sur de Europa y el norte de África, en la zona de contacto entre estas dos masas de agua, le proporciona características originales, tanto desde el punto de vista climático como oceanográfico y biológico. Los visitantes podrán encontrar aquí un interesante patrimonio natural e histórico- cultural muy bien conservado gracias a una formidable gestión del medio. Este entorno protegido, con la doble condición de ser marino y terrestre, engloba una línea de costa de unos 54 kilómetros entre el Cabo de Gracia (a occidente) y la Punta de San García (a oriente). El 76 % de la zona terrestre del parque pertenece al término municipal de Tarifa, y el 24 % restante al de Algeciras.

El visitante podrá observar como el litoral parece estar divido en dos partes: una arenosa y de pendientes suaves en la costa atlántica, y otra rocosa con altos acantilados en la costa mediterránea. Tanto el viento como el oleaje son más débiles en la costa oriental, erosionando menos esta zona del Parque. Todo lo contrario ocurre a occidente, dónde la erosión marina y eólica es tan alta, que se disgregan las rocas formando las hermosas dunas blancas.

Comenzaremos un recorrido guiado por este enclave único, dónde nos pararemos a contemplar los sitios más emblemáticos y que no debemos dejar a un lado en la visita a este Parque. Para comenzar, nos dirigiremos al extremo oeste, Punta Camarinal. Se trata de un pinar costero antropológico en el que dominan sabinas y enebros en la costa y en el interior la camarina, que da nombre a la zona. Sus frutos son apreciados por el zorro que habita estos arenales. En las proximidades se observará la enorme Duna de Bolonia, de unos 30 metros de altitud y declarada Monumento Natural desde 2001. Es un vestigio idóneo para que nos hagamos una idea de la fuerza que alcanza el viento de Levante en la zona. Es el momento de visitar una de las playas más bellas de la península ibérica, Bolonia. Aquí se aconseja detenerse un momento, sentarnos en la arena y fusionarnos con el paisaje. Una mezcla de sensaciones nos invadirán al contemplar este lugar único: al frente la costa africana, a nuestra derecha la Sierra de la Plata, a la izquierda la Sierra de San Bartolomé y a nuestra espalda, Baelo Claudia. Se trata del conjunto urbano romano más completo de toda Hispania. No puede faltar una visita a esta ciudad, que tiene sus orígenes en el siglo II a.C. Si estos restos hablasen, ¡cuántas intrigantes historias nos contarían!.

Si continuamos paseando por la costa en dirección a Punta Paloma, tras recorrer varios kilómetros por la playa nos encontraremos con unas piscinas naturales dónde dicen que el emperador Claudio tomaba sus baños. Poniendo un poco de atención es posible encontrar restos vegetales que nos revelen la composición de los fondos marinos de estas playas, como el caso de fanerógamas marinas. Son plantas superiores con flores, frutos y semillas originadas en medio terrestre y que colonizaron aguas litorales hace millones de años. La llegada a Punta Paloma nos abrirá paso a otra bellísima playa y muy amada por los surfistas, Valdevaqueros. Advertiremos un montículo arcilloso que se adentra en el mar y que forma un barro que podremos untarnos en la piel. Reanudamos la marcha y veremos la Duna de Valdevaqueros, con características similares a la de Bolonia. Una hermosa charca aparece en la arena. Se trata de un lagoon, dónde muchas aves encuentran ahí su refugio, por lo que evitaremos bañarnos en ella. Próximo al camping Paloma, se sitúa la Necrópolis de Los Algarbes, un yacimiento de la edad del Bronce que merece ser visitado.

Antes de continuar, tendremos que reponer fuerzas. Si tomamos la carretera, existen varios restaurantes en las proximidades y en verano algunos chiringuitos de playa. Sería pecado marcharnos del Estrecho sin degustar los pescados de la zona, como el caso del voraz o el atún, que podrían culminar la mañana y premiar a nuestro paladar.

Retomamos la visita y para ello cogemos nuestro vehículo y nos dirigiremos a Tarifa. Una completa tarde nos espera. Tomando la primera entrada a Tarifa y cerca del campo de fútbol llegaremos a un aparcamiento que nos invita a conocer el Paraje Natural Playa de Los Lances. Se trata de un bello lugar y un paraíso para las aves. Sus residentes habituales como el chorlitejo patinegro, la gaviota de Audouin o el correlimos tridáctilo nos avisan para que utilicemos los observatorios habilitados y evitemos molestarles. A continuación, nos encaminamos al centro del pueblo. Nuestra primera parada será la Puerta de Jerez. Cruzaremos el arco que forma para apreciar desde el interior del casco antiguo la belleza de esta construcción  musulmana. Nuestra segunda parada será el Castillo de Guzmán El Bueno del siglo X. Subir hasta sus torretas resulta muy gratificante para contemplar las increíbles vistas del Estrecho. Una vez arriba veremos a la derecha la Isla de Tarifa, nuestra tercera parada. Llevaremos nuestros pasos hacia el camino que une el pueblo con la Isla. A pesar de que no está permitido entrar, sí podremos situarnos en el punto de unión del Mediterráneo y el Atlántico para hacer la típica fotografía con este precioso escenario de fondo.

Hemos recorrido unos 30 kilómetros desde que iniciamos la ruta. Continuaremos hacia la costa oriental no sin antes endulzarnos con uno de los famosos pasteles de Tarifa, famosos en toda la comarca.

Tomamos la carretera dirección a Algeciras. Posteriormente, la salida a la derecha en el kilómetro 89.5 para descender hacia los acantilados de Guadalmesí y contemplar las plataformas de esta costa. La próxima parada será el Mirador del Estrecho. Nos encontraremos en uno de los más privilegiados miradores de la península, un auténtico balcón de Europa. A nuestra espalda están los Cerros del Estrecho, bosques originales de acebuches y alcornoques que hoy día han sido sustituidos en su mayor parte por pastizal para el ganado. Nuestro viaje va llegando a su final, pero haremos otra parada en el kilómetro 96 dónde señaliza hacia Huerta Grande. Este lugar nos recordará a una selva tropical, y es que la vegetación que aquí existe pertenece al Terciario, durante el cual toda esta costa era una zona tropical. El río Guadalmesí que circula en las proximidades, forma canutos con la vegetación típica de aquel entonces, la Laurisilva. La alta pluviometría y la suavidad de las temperaturas gracias a la proximidad al mar, han favorecido la conservación de estas plantas. Deshacemos el camino y volvemos a la carretera.

Daremos por finalizado el viaje en Punta Carnero. Para ello tendremos que tomar dirección a Getares y la carretera A- 223. Antes de llegar podremos ver a mano izquierda lo que fue la antigua ballenera de Algeciras. Los acantilados de Punta Carnero resultan ser paredes casi verticales de roca desnuda debido a una disposición vertical de los estratos. Desde aquí se puede percibir el Peñón de Gibraltar a la izquierda, al frente Ceuta y a la derecha la Isla de Las Palomas.

Es realmente grandioso todo el entorno que envuelve al Parque Natural del Estrecho. Por último un consejo: olvidarse del tiempo, del teléfono móvil y dejarse llevar por la belleza que posee este viaje. Que la mirada se impregne de azul y verde y los pulmones de aire marino puro.

Más información: Punto de Información del Parque Natural del Estrecho. CN- 340, km 77.5.Tarifa. (671 596 146)