El impacto del ruido en la comunicación de las ballenas

By Junio 19, 2019 821

Los humanos vivimos en un mundo visual. Para orientarnos dependemos principalmente de nuestra vista. En el agua, sin embargo, los ojos juegan un papel secundario. Por eso los mamíferos marinos tienen que confiar en su sensible oído; dependen de los sonidos para explorar su mundo y también para mantener el contacto entre ellos.

Se podría decir que “ven” con su sentido auditivo y dibujan un "mapa acústico" exacto de su entorno. Las ballenas dentadas tienen un órgano especial hecho de tejido graso y conjuntivo, el llamado melón, situado dentro de la frente. Las ondas sonoras se agrupan en el melón y se emiten desde ahí. El eco reflejado por objetos es recibido en cavidades llenas de aceite en el hueso de la mandíbula inferior, y se transmite a través del oído medio hasta el cerebro, donde se evalúa. Esto permite a los animales crear una imagen tridimensional de sus alrededores en un instante, incluso si el entorno es oscuro y el agua turbia.

Por otro lado, las ballenas con barbas no tienen un sistema de sonar, pero pueden emitir sonidos en el rango de infrasonido a gran volumen. Los sonidos de una ballena azul son de hasta 188 decibelios. En comparación, un avión produce al despegar alrededor de 110-140 decibelios.
El océano tiene propiedades que permiten que los tonos de baja frecuencia puedan recorrer grandes distancias. El sonido se propaga cinco veces más rápido en el agua que en el aire. Esto permite a los animales comunicarse a través de miles de kilómetros de distancia, a las ballenas azules incluso desde el Ártico hasta la Antártida. O al menos lo hacían antes de que los humanos empezáramos a contaminar los mares con ruido.

Sin la contaminación acústica submarina se podía escuchar el amplio repertorio comunicativo de los mamíferos marinos, pero hoy en día los chasquidos, silbidos y parloteos de un grupo de delfines se ven ahogados por el ruido de las perforaciones petrolíferas y la construcción y operación de instalaciones en alta mar; los gorjeos de las belugas producidos por el uso de diferentes tipos de sonares y el maravilloso canto de las ballenas jorobadas desaparecen entre del ruido de fondo permanente de los barcos, que los animales probablemente perciben como un constante zumbido.
Los cantos de las ballenas jorobadas son considerados una de las formas más complejas de comunicación del reino animal. Las melodías son coherentes y pueden durar hasta varias horas. Cada población tiene su propia canción, que puede cambiar con el tiempo; a veces se añaden, se cambian o se omiten frases. Las melodías son cantadas principalmente por los machos durante la época de apareamiento.

La contaminación acústica tiene un efecto inmediato en la posibilidad de encontrar una pareja y, por lo tanto, en la supervivencia de la especie. Se ha comprobado que el ruido causa estrés en los seres humanos. Las ballenas en los océanos pueden oír hasta cinco veces mejor que nosotros. Por lo tanto no solo dejan de oír los sonidos de los demás animales, sino que tampoco pueden recibir su propio sonar; este se debilita hasta tal punto que las ballenas encuentran menos alimento por un lado, y por otro llegan a perder su sentido de orientación principal: se pierden y pueden quedar varadas.
Dado que, según los expertos, el ruido submarino se ha duplicado o triplicado desde los años 60, esto también ha tenido un efecto en el comportamiento de los animales, que tratan de evitar el ruido.

Algunas ballenas abandonan su área, cambian sus rutas migratorias, emiten sonidos más fuertes o enmudecen por completo. También parece que cada tipo de ballena utiliza su propia frecuencia para transmitir sus conversaciones por ondas sonoras. Cambiando la frecuencia intentan ahora contrarrestar el ruido. Algunos, sin embargo, simplemente esperan a que haya silencio para comunicarse y pueden perder así oportunidades importantes a la hora de encontrar pareja o en la búsqueda de alimentos. Una forma de aliviar a las ballenas un poco es reducir la velocidad del tráfico marítimo para bajar el nivel de ruido. Aquí en el Estrecho de Gibraltar está en vigor una recomendación de límite de velocidad de 13 nudos (24 kilómetros) por hora desde el año 2007, que no solo reduce el ruido sino también el riesgo de colisiones, lo cual es particularmente importante para los cachalotes que viven aquí. Además, un Real Decreto del mismo año para el avistamiento respetuoso de ballenas, prohíbe el uso de sonares y sistemas acústicos para localizar a los animales.

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